Los verdaderos ajustes económicos se producen con fuertes devaluaciones, que la actual política fiscal, monetaria y cambiaria ha neutralizado. Los inmensos costos de la pandemia y de la herencia macrista-radical. El ciclo económico y la restricción externa

En la economía argentina, los ajustes nacen de fuertes devaluaciones que provocan shocks inflacionarios con la consiguiente pérdida del poder adquisitivo de la población con ingresos fijos. Deterioro que no se salva por una deliberada decisión de la gestión económica, como fue el caso en el gobierno de Mauricio Macri. 

Estos son los ajustes reales que derivan en una acelerada pérdida del bienestar general y que han sido uno de los principales motivos de las derrotas electorales.

Sólo es cuestión de hacer el esfuerzo de recordar cuándo se concretaron cada una de las megadevaluaciones desde la recuperación de la democracia y correlacionar después qué le sucedió en términos de legitimidad en las urnas a la fuerza política en el gobierno.

Por ese motivo, luego de tantas crisis políticas y económicas padecidas, resulta fundamental resistir las presiones de gran parte del poder económico y su amplia red de voceros para forzar una fuerte devaluación. La construcción de esa resistencia requiere el consenso primordial de diseñar una política económica que minimice las tensiones cambiarias con el objetivo de neutralizar la persistente corriente de fomento de expectativas de devaluación.

Un sendero político equilibrado para una comprensión amplia de un resultado electoral exige entonces relativizar la idea de la existencia de un ajuste económico en pandemia y apuntar hacia las debilidades en la gestión, las carencias en la articulación de un relato acerca de la épica de gobierno en pandemia, las dificultades de la coordinación en áreas clave de la administración pública, la subejecución presupuestaria y la falta de audacia para enfrentar a una conducción política del poder económico (integrada por los grupos Clarín y Techint) con manifiesta vocación desestabilizadora.

En concreto, la crisis pos PASO en el gobierno del Frente de Todos no tiene su origen en la magnitud del gasto público, sino en la política en sentido amplio, que va desde la gestión de la administración, la capacidad de la articulación de alianzas políticas en cada uno de los distritos y en la intensidad del trabajo territorial para brindar protección a los grupos sociales más castigados, al tiempo de dar cuenta de la pesada herencia recibida, las complicaciones del presente y la promesa de un futuro mejor.

La importancia de la fase en que se encuentra el ciclo económico

Sin esos elementos en el terreno político, uno o dos puntos más de gasto público no hubiesen cambiado el resultado en las urnas. Esto no significa que no sea importante la magnitud de los recursos públicos para impulsar el crecimiento y financiar la red de emergencia, sino que la clave se encuentra en cómo se distribuye, con qué velocidad se ejecuta y cuál es la eficiencia en la asignación de fondos en función de una distribución del ingreso progresiva.

¿Se puede concluir que la política económica fue de ajuste cuando se aprobó y cobró el Aporte Extraordinario de las Grandes Fortunas? ¿Es un ajuste económico reducir fuertemente el pago de intereses y extender el plazo de pagos de la deuda con acreedores privados?

La existencia de inmensas dificultades económicas en un amplio sector social no es novedad. La clave es qué se hace y cómo se ejecuta las medidas para atender las urgencias. No es sólo con más gasto público, que probablemente sea necesario, sino en la capacidad de aplicarlo con velocidad y, en especial, con el criterio de privilegiar grupos sociales vulnerables en pandemia.

En ese sentido, ¿fue correcta la eliminación del IFE al tiempo que se subió el piso salarial para el pago del Impuesto a las Ganancias para trabajadores en relación de dependencia? No sólo es importante la magnitud del gasto, sino también cómo se lo distribuye.

Pocas semanas después del comienzo de la crisis por el coronavirus se mencionó en más de una oportunidad en esta columna que no debía haber dilema entre economía o salud, sino que ineludiblemente debía ser economía y salud. Ambas demandas debían ser atendidas con la misma celeridad durante toda la pandemia.

Ahora bien, esa debilidad de gestión no deriva en considerar ajuste económico simplemente con la evaluación de si existe un mayor o menor déficit fiscal. Esta forma de análisis, además de copiar la lógica de la ortodoxia, no toma en cuenta cuál es la fase en que se encuentra el ciclo económico y, fundamentalmente, cómo interviene en la economía local la restricción externa, o sea la escasez relativa de divisas.

La potente restricción externa

Para analizar el mayor o menor espacio que tiene la política fiscal se necesita entonces precisar si la economía está en un sendero de crecimiento o en uno de recesión.

También si existe un shock externo positivo, como el alza de los precios internacionales de las materias primas de exportación que sumaron más dólares y mejoraron los ingresos tributarios y las perspectivas de crecimiento, o uno negativo, como ese mismo incremento de las materias primas que derivó en suba de los precios de los alimentos que anularon los aumentos de salarios y jubilaciones, o como el derrumbe de la economía global por la pandemia en 2020 que deterioró la situación productiva, laboral y social.

Otro aspecto fundamental para evaluar la capacidad fiscal es determinar cuántos dólares están disponibles en el Banco Central para financiar el crecimiento. Esto es la cantidad de reservas que disminuirán por la demanda de importaciones a partir de la mejora de la actividad.

En concreto, qué tan cerca o lejos se encuentra el punto crítico de la restricción externa para financiar la expansión de la economía.

Existe cierto consenso entre economistas que por cada punto de crecimiento del PIB aumentan 3 puntos las importaciones. Sin embargo, ese cálculo es previo a la etapa de desindustrialización del gobierno de Mauricio Macri. Hoy esa correlación es mayor, según se puede verificar en el sector automotor. Es otra prueba de los inmensos costos y potentes condicionamientos que deja cada uno de los ciclos neoliberales para impulsar el desarrollo nacional.

No es secreto que cuando son pocas o se agotan las reservas de libre disponibilidad en el Banco Central la política económica ve todavía más reducido su estrecho margen de autonomía para impulsar el crecimiento. No existe más ajuste devastador para los grupos sociales vulnerados y, por lo tanto, en la perspectiva electoral para los oficialismos que un escenario de incertidumbre cambiaria o directamente de una fuerte devaluación.

A esta altura no debería ser necesario detallar el recorrido histórico de cada uno de los eventos de devaluaciones traumáticas para dar cuenta de que el control del mercado de cambio es el principal objetivo para evitar el verdadero ajuste económico y el consiguiente debilitamiento político de un gobierno.

¿Néstor Kirchner aplicó un ajuste económico?

Una referencia histórica aporta un elemento interesante al debate que existe al interior del Frente de Todos. Sería desacertado sentenciar que el gobierno de Néstor Kirchner registró un ajuste económico simplemente porque anotó superávits de las cuentas públicas.

Como se indicó en un artículo anterior, el gobierno de Néstor Kirchner, el cual presumía de superávits gemelos (fiscal y comercial), ¿se lo calificaría como uno de ajuste económico porque gastaba menos de lo que recaudaba?

La respuesta es negativa.

Las cuentas fiscales y las monetarias no son indicadores absolutos para la definición de ajuste para una política económica. Lo relevante es identificar cuáles son los objetivos de esa política y si consigue alcanzarlos, entendiendo además cuál es el momento del ciclo económico en que se encuentra.

Kirchner administró el comienzo de un ciclo en alza luego del estallido dramático de la convertibilidad, favorecido por un contexto internacional amigable (gobiernos populares en la región) y económico externo positivo (tasas de interés bajas y precios de las materias primas de exportación elevados).

Esta mención del pasado y este cuadro conceptual colaboran para analizar el actual estado de situación con los siguientes tres factores:

1. La pandemia arrojó a la economía mundial –no sólo a la argentina- a la peor crisis de, por lo menos, los últimos cien años, con devastadoras consecuencias en el empleo y en las condiciones de vida de millones de personas. En este contexto dramático, en casi todas las elecciones en otros países perdieron los oficialismos. No es un acontecimiento imprevisto el mal resultado en las PASO del Frente de Todos. ¿Hacia quién la sociedad tiene la oportunidad de dirigir la frustración y angustia por el dolor de la pandemia? En el caso argentino se le suma la inmensa red política y mediática de derecha que ha boicoteado cada una de las medidas de cuidado y ha fomentado la desestabilización económica-financiera, a la vez que goza de una notable impunidad.

2. La política económica local arrastra décadas de estrechos márgenes de autonomía y el desastre dejado por el macrismo los redujo aún más.

3. El rasgo bimonetario de la economía que se agudiza ante cada nueva crisis y que agrega mayor tensión estructural en el mercado cambiario y, por lo tanto, en el sector externo, fuente principal de cada uno de los ajustes económicos pasados.

La cantidad de reservas en el BCRA limita la recuperación económica

Existe una definición esencial: el ajuste económico es una política deliberada de reducir la calidad de vida de la mayoría de la población con el objetivo de beneficiar a núcleos privilegiados. No es el caso del gobierno de Alberto Fernández.

La evaluación de la política económica debería apuntar entonces a si es lo suficientemente intensa para conseguir la máxima amortiguación de los costos ineludibles de la crisis de la pandemia. La inmediata respuesta es que no lo fue y no sólo por la magnitud del gasto público.

El viceministro de Economía de Axel Kicillof en el segundo mandato de CFK y actual consultor económico, Emmanuel Álvarez Agis, escribió un informe especial involucrándose en el debate económico que atraviesa actualmente el gobierno. Primero aclaró que el Estado tiene que jugar un rol contracíclico en la economía siempre que enfrente una crisis macroeconómica, aunque aclara que para el caso de una economía como la Argentina con una moneda sumamente débil, el tamaño y el éxito de ese rol contracíclico depende crucialmente de la cantidad de reservas internacionales que el Banco Central tenga en su poder y pueda efectivamente utilizar para financiar el crecimiento de las importaciones que viene asociado con la expansión del nivel de actividad.

Se pregunta si el gobierno tiene la cantidad de reservas que se necesitan para poder expandir el déficit fiscal y, con esto, la economía tras los efectos de la pandemia. Para responderse que la posición de reservas del Banco Central en este año electoral era la peor que le tocó enfrentar al Frente de Todos en la historia y que esto fue un obvio condicionante a la hora de poder expandir aún más el gasto público.

¿Hubo o no hubo ajuste económico en 2021?

Luego Agis avanza sobre uno de los puntos de mayor controversia en la coalición de gobierno, al mencionar que «resulta importante analizar si realmente durante 2021 se aplicó un ajuste del gasto».

Explica que una determinada política fiscal no puede ser catalogada de ajustadora o expansionista de manera aislada, para precisar que interesa evaluar el comportamiento del gasto público respecto la dinámica de la actividad.

«En principio, parece razonable que el gasto público sea hoy más bajo que el segundo trimestre del 2020, cuando la movilidad se había reducido al 20 por ciento de lo normal y la mitad del aparato productivo del país funcionaba bajo algún tipo de restricción», indica.

Señala que «el nivel de actividad de 2021 se encuentra en todos los meses por encima del promedio de 2020, año de la pandemia. Por tanto, tendría sentido que el gasto público de un año “sin pandemia” fuera menor que en el año de la pandemia, máxime si el país sufre de un faltante de divisas».

Para concluir que «es imposible caracterizar la situación del gasto público de 2021 como un ‘ajuste’. El gasto público -neto de inflación- se incrementa 12 por ciento en 2021 cuando se excluye el gasto extraordinario por la covid-19 de la base de comparación de 2020″.

La idea extraña de un ajuste preventivo para cerrar un acuerdo con el FMI

Otro de los análisis predominantes en el espacio público sostiene que la negociación con el FMI se traduce hoy en ajuste económico. O sea, el gobierno de Alberto Fernández estaría haciendo un ajuste preventivo para sellar un acuerdo.

Sería el primer caso en la historia de que un país estuviera haciendo un ajuste económico anticipado para negociar con el FMI. Exhibir en la negociación un programa fiscal, monetario y cambiario sólido de corto y mediano plazo, luego del engendro macrista de reducción del déficit fiscal, de la emisión monetaria cero y de la dilapidación de miles de millones de dólares de reservas, no significa que haya ajuste económico.

En la presentación del Presupuesto 2022 se ofrece un interesante ejercicio acerca del potente condicionante que implica la herencia macrista con el crédito del FMI, como así también la exigencia política para eludir los brutales ajustes que implicaría no refinanciar esa deuda con un nuevo programa con el Fondo.

La peor herencia macrista-radical: el crédito impagable al FMI

El Presupuesto 2022 asume que no hay pagos de capital al FMI, pero ¿cuál sería el escenario si Argentina tuviese que cumplir con los compromisos asumidos por el gobierno de Juntos por el Cambio en 2018 con el FMI?

En el proyecto presentado en el Congreso se explica que devolver el monto del préstamo en cuatro años sería «dañar a la Argentina, postergar la recuperación e hipotecar el futuro del pueblo». Para plantear que si se tuviese que pagar los 19.000 millones de dólares correspondientes a los vencimientos de ese crédito en 2022, existirían dos escenarios para poder hacerlo.

El primero:

* Eliminar todo el gasto de capital (obras públicas): bajarlo de 2,4 a 0,0 por ciento del PIB

* Eliminar los subsidios a la energía y al transporte (tarifazos): 0%

El segundo:

* Eliminar AUH, AUE, Potenciar trabajo y Progresar.

* Suprimir todas las políticas de asistencia alimentarias incluyendo la Tarjeta AlimentAr.

* No comprar ninguna vacuna.

* Eliminar las transferencias a las provincias y todas las que se hacen a las universidades.

«Por eso y con estos dos escenarios insostenibles de descalabro macroeconómico y de angustia social, el Presupuesto 2022 asume que no hay pagos de capital al FMI durante ese año y se sigue trabajando en un nuevo programa que sea bueno para Argentina», informó el ministro Martín Guzmán.