Recientemente, Luis Vicente León, presidente de la firma consultora de opinión Datanálisis, indicó que buena parte de los relatos sostenidos por la oposición venezolana, promovidos en las redes sociales, no tienen asidero con la opinión pública en la realidad.

De acuerdo al estudio Ómnibus de Datanálisis para el mes de agosto, quedaron expuestas enormes discrepancias entre las narrativas difundidas en vocerías políticas y medios digitales versus lo que realmente piensa la gente, acorde a varios ítems en diversas materias sobre la política interna.

El resultado del informe es llamativo, considerando que viene desde una fuente abiertamente antichavista, pero además por ilustrar la situación de conjunto que concierne a las oposiciones en el país.

ENTRE LAS MATRICES DE OPINIÓN Y LA REALIDAD

«Hay una diferencia abismal entre las matrices de opinión que se intentan generar en redes sociales (bots incluidos)», indicó León desde su cuenta Twitter.

«En redes se presenta la idea de que la mayoría de la población rechaza el proceso de negociación política entre gobierno y oposición. La Ómnibus Datanálisis Agosto indica que 50% de los venezolanos está de acuerdo o muy de acuerdo con la negociación entre las partes, mientras sólo 19% la rechaza», indicó el estudio de Datanálisis.

Analizando a fondo, la construcción de tendencias supuestamente mayoritarias en rechazo a todo diálogo político en el país se explica por las propias tendencias negacionistas a conversaciones que fueron fabricadas por la oposición venezolana más extremista en años recientes.

El rasgo narrativo, por ejemplo, entre los antichavistas en 2019 era el de que toda forma de diálogo solo tendría sentido para definir los términos en los que el presidente Nicolás Maduro abandonaría el poder y que, de otra manera, no habría diálogo alguno. O al menos fue eso lo que se promovió entre sectores alineados a Guaidó y otros más recalcitrantes, encarnados en María Corina Machado o Antonio Ledezma.

La construcción de una «posición de fuerza» del «gobierno interino» no dialogante, pese al antecedente de diálogos fallidos en Barbados en 2019, era explicada por su agenda de desmantelamiento del poder nacional, y era además una instrucción del gobierno estadounidense. Pero tal construcción narrativa se prolongó creando una matriz a largo plazo y que ahora, según Datanálisis, no tiene vínculos con la realidad.

Sobre la participación en elecciones de las tendencias abstencionistas representadas en el G4, la Ómnibus Datanálisis Agosto indica que 69,4% de la población cree que los partidos deben participar «si hay representantes en el CNE, se habilitan las tarjetas y hay observación internacional».

En otras palabras, se derrumba la tesis del abstencionismo como supuesta base de apoyo y fuerza política favorable a las organizaciones que han seguido esa ruta. De hecho, en términos estrictamente estadísticos y acorde a Datanálisis, las posiciones abstencionistas son políticamente suicidas en este 2021, rasgo claro del cambio de situación política que vive el país.

Sobre el cuadro de medidas coercitivas y unilaterales y su base de apoyo, León indicó que «se intenta concluir en redes sociales que los venezolanos aprueban las sanciones como vía para provocar los cambios políticos. La Ómnibus Datanálisis Agosto indica que 76,4% rechaza las sanciones petroleras y cree que afectan su vida sin provocar cambios políticos relevantes».

El contundente dato coincide con otra publicación que había hecho Datanálisis en abril de este año. Esta concluyó que el 90% de la población venezolana opinaba que las sanciones y medidas coercitivas impuestas por los Estados Unidos han tenido un impacto negativo en sus vidas.

El estudio de abril indicó que el 51,8% de los encuestados opinó que las sanciones «Han tenido un impacto muy negativo», el 30,8% que «Han tenido algún impacto negativo», el 9,4% que «Han tenido un pequeño impacto negativo», el 4,8% que «No han tenido un impacto negativo» y el 3,2% «No contesta».

Entretanto, otro factor de medición muy relevante y dependiente del gobierno venezolano, es el Sistema Patria y su sistema de encuestas. En octubre de 2020 el sistema midió la opinión sobre el bloqueo al país y arrojó la cifra de un 97,7% de rechazo.

La gran diferencia entre la encuesta del Sistema Patria y la de Datanálisis está en el tamaño de la muestra. Mientras la consultora privada aplica estudios con una muestra de pocos miles de entrevistados, los datos del primer corte de participación en esta encuesta del Sistema Patria arrojaron la cifra de más de 8 millones de personas consultadas.

Acorde a esos datos de octubre 2020, más del 90% opinó que las sanciones violan el Derecho Internacional y la soberanía nacional. Un 87,4% afirmó que las sanciones afectan directamente al pueblo. Un 91,8% expresó que las sanciones deben ser desmontadas y eliminadas, y 97,7% manifestó no estar de acuerdo con las sanciones impuestas por Estados Unidos contra PDVSA, el Petro y el oro venezolano.

Meses antes la encuestadora Hinterlaces había concluido que un 82% de la población rechazaba las sanciones.

La dimensión de los resultados de los estudios de opinión es la respuesta desde la estadística a la tesis inicialmente promovida por dirigentes como Julio Borges, quien ha afirmado que la población no sufriría por las sanciones y que estas eran un mal necesario.

El registro de gran rechazo a estas medidas ha venido desde 2017, pero ha ido consolidándose desde que se han endurecido las acciones de presión económica internacional. Sin embargo, en la narrativa de la dirigencia antichavista el planteamiento ha sido totalmente opuesto, fabricando para fuera del país una interpretación viciada y artera de la percepción nacional. Han dicho a la comunidad internacional que la mayoría de la población apoya las medidas.

Uno de los usos de tal manipulación narrativa es usual en el tema de la migración de venezolanos al extranjero. Políticos y medios suelen indicar que los migrantes salen por razones del modelo económico interno, y solo por eso, sin señalar que la situación de malestar general causado por el bloqueo y que puede constatarse en esas encuestas.

Lo que es claramente apreciable en la encuesta de Datanálisis es una incongruencia enorme entre los relatos políticos y la percepción de la población.

EL «DIVORCIO» ENTRE LA DIRIGENCIA OPOSITORA Y LA POBLACIÓN

Las endebles narrativas que ha promovido la oposición venezolana que se basan en un inexistente apoyo popular a las medidas de bloqueo, tuvieron el objeto de blindar con relato político unas medidas de largo alcance.

Las medidas de bloqueo en el terreno real son dolorosas para la población. Pero la construcción de un falso apoyo a estas ilustra de igual manera la pérdida de vínculos, o más bien, el claro desprecio de la dirigencia antichavista a la misma población, al difundir con intención de engaño que la gente apoyaba las secuelas destructivas del bloqueo.

La promoción del bloqueo vino también con el ofrecimiento de «la caída del chavismo» como resultado. No obstante tal tesis ha quedado desarticulada de la realidad, según Luis Vicente León y la encuesta Omnibus.

«Se presenta como una verdad evidente que la mayoría de los venezolanos cree que la estrategia seguida para provocar la salida de Maduro lo tiene al borde de la salida. La Omnibus de Agosto indica que sólo 26% de los venezolanos cree que eso podría pasar en los próximos 12 meses», indicó León.

El presidente de la firma Datanálisis considera que existe un «divorcio» entre la dirigencia antichavista y la población.

«El resultado de este divorcio entre objetivos planteados y obtenidos y los discursos ‘embellecidos’ pero falsos explica el divorcio entre líderes y población y nos lleva al último resultado de la Omnibus Datanálisis Agosto: 81,8% de la población cree que debe renovarse el liderazgo nacional», remató.

Adicional a estos rasgos, hay una situación sumamente grave que ilustra el cuadro de disputa y deslegitimación de las oposiciones en el país. Esta se basa en el enfrentamiento por relatos entre los mismos opositores y las consecuencias que trae.

Los cuatro sectores principales de la oposición, el sector Guaidó, el sector Capriles, el sector de la Alianza Democrática y el de Machado-Ledezma, se acusan entre si acorde a diversos recursos narrativos. Uno de los más repetidos es el señalamiento de «colaboracionismo» a favor del chavismo. Por lo tanto, un elemento de distinción, para desmentir esa supuesta relación colaboracionista, está en el énfasis en el apoyo al bloqueo y las presiones.

Precisamente los sectores de Guaidó y el de Machado-Ledezma han sido los más afiliados a favor de las narrativas del bloqueo. Sin embargo Datanálisis indica que para estos grupos, tal relato trae un costo político y esto atañe a la tendencia de Guaidó, si esta irá a elecciones en noviembre tal como está previsto.

El economista Francisco Rodríguez refirió en Twitter que «el apoyo a las sanciones económicas puede tener un costo político significativo para algunos candidatos opositores. Según @datanalisis, 40,2% de los venezolanos verían negativamente a un candidato que haya apoyado sanciones y 29,2% nunca votarían por quien las haya apoyado».

CONSECUENCIAS EN VARIOS PLAZOS

La política conjuga de manera inherente los relatos políticos, las aspiraciones y la dimensión de lo real. Esta triada de elementos explican de manera precisa la profundidad de la debacle en la oposición venezolana, pues han fracasado en el proceso de calibración de estas.

A corto plazo, seguiremos viendo en México a una oposición que afirmó que no dialogaría. Seguramente maniobrarán en elecciones, luego de afirmar que no volverían a ellas, sin «cese de la usurpación», sin «gobierno de transición», quebrando sus propios relatos.

Auparon una caída del chavismo que no ocurrió y ahora tendrán que desplazarse muy lejos de sus aspiraciones originales, teniendo que crear nuevas ambiciones muy cortas y endebles.

Seguidamente, la contundencia de la realidad que consiste en el fracaso de su agenda, les pondrá en un ruedo electoral donde aparecerán divididos, con gran parte de su base electoral fuera del país (a causa del bloqueo), con gran deslegitimación de sus liderazgos y relatos, así como un cuadro persistente de apatía y abstencionismo entre una cuota relevante de sus seguidores más viscerales (a causa de las narrativas de los mismos opositores). Es decir, están frente a una realidad desalentadora.

Un efecto que debe considerarse a largo plazo, que es claramente desfavorable para los opositores, es el desgaste o agotamiento de su «oferta política», por su enorme desfase con la realidad. Es decir, desde el punto actual será cada vez más difícil para ellos posicionar la idea de que cuentan con la capacidad de destruir al chavismo. Por ende, seguirán careciendo de las capacidades de hacer un efectivo ofrecimiento de «modelo» o alternativa de país, pues no lo han tenido en toda su trayectoria.