A 75 años del fallecimiento del economista que más ha influenciado la teoría y la practica de la economía política desde la década de 1930. Demostró que el Estado tiene un rol central en la evolución de la economía, ya es el único actor económico que puede y debe enmendar los errores de los agentes para restablecer el mejor nivel de empleo de los factores de producción.

El 21 de abril pasado se cumplieron 75 años del fallecimiento de John Maynard Keynes, el economista que más ha influenciado la teoría y la practica de la economía política desde la década de 1930. 

Keynes explicó que el equilibro con plena ocupación de los factores de producción (el trabajo y el capital), que describe la teoría ortodoxa es sólo un caso particular de los múltiples equilibrios posibles que se observan en la economía real. Enseñó que la caída de la demanda efectiva provocada por el atesoramiento de los más ricos conduce a la crisis económica. Demostró que por eso el Estado tiene un rol central en la evolución de la economía, ya es el único actor económico que puede y debe enmendar los errores de los agentes para restablecer el mejor nivel de empleo de los factores de producción. La pandemia confirma la pertinencia de su análisis.

Era un hombre que, con facilidad y gran elegancia, realizaba varias actividades simultáneamente en las que brillaba sin, aparentemente, hacer un gran esfuerzo. Pero esta es una apreciación errónea. Fue un trabajador obstinado como lo muestran los primeros 30 tomos de sus obras completas.

Era el hijo mayor de una familia de la burguesía intelectual británica. Su madre fue la segunda intendente mujer de Cambridge y su padre, profesor de la universidad. Obtuvo su doctorado en matemáticas a los 22 años. Fue el niño mimado del llamado Grupo de Bloomsbury que frecuentaban Bertrand Russell, Lytton Strachey, Virginia Wolf y su hermana Vanessa Bell, el pintor Duncan Grant que fue amante de Keynes, Ludwig Wittgenstein, Lydia Lupokova bailarina estrella de los ballets rusos de Serge Diaghilev que fue su esposa.

Finanzas

A varios miembros de ese grupo los ayudó financieramente y a ganar dinero en la bolsa. Fue, a la vez, un alto funcionario de la administración del Imperio Británico, un catedrático en Cambridge, una de las mejores universidades del mundo de ese entonces, y director de la revista The Economic Journal entre 1912 y 1944. También fue representante del Reino Unido para los problemas económicos en las Conferencias de Versailles y jefe de la delegación británica en la Conferencia de Brettons Word, así como el principal consejero económico del partido liberal que se ubicaba en la centro izquierda. Además, estratega del financiamiento del esfuerzo de guerra británico durante la Segunda Guerra Mundial y miembro de la Cámara de los Lores. 

Poseía una soberbia pinacoteca de autores contemporáneos adquirida durante sus múltiples viajes a Paris y una biblioteca envidiada de libros antiguos. Era mecenas de las artes en particular del Royal ballet, director de varias compañías financieras y de seguros. Fue además un jugador en las finanzas, en particular especuló sobre la lira italiana a principio de los años 1920 con lo que ganó mucho dinero que perdió, en parte, durante la crisis de 1930.

Era relativamente joven, 36 años, cuando alcanzó una gran notoriedad internacional, ya que luego de renunciar, en plena conferencia, a su rol de negociador económico de la Gran Bretaña en la Conferencia de Versailles, en 1919, escribió “Las consecuencias Económicas de la Paz”, un best seller que causó sensación ya que califica el Tratado de Versailles como paz cartaginesa y predice, el desmoronamiento de la economía alemana. Pero en el primer capítulo, en una amena e irónica descripción del modo de vida de un rentista londinense de la época, anticipa el fin del mundo de La Belle Époque y del colonialismo vigente.

La Teoría General

A partir de 1926, cuando el gobierno conservador provocó una grave crisis económica cuando restableció la paridad vigente antes de la guerra de 1914 entre la libra y el oro para favorecer a los rentistas y eliminar así sus perdidas debido a la inflación provocada por la contienda, Keynes se transformó en el principal crítico de las políticas económicas ortodoxas del establishment.

En la década que siguió escribió varios libros y numerosos artículos en periódicos y revistas especializadas, participando en coloquios y conferencias, intervenciones radiofónicas, que preparaban la Teoría General y adquirió la certeza de que los economistas que profesan la teoría ortodoxa han entronizado el mito de la autorregulación del mercado para ocultar los errores de la doctrina.

Keynes empezó a escribir la Teoría General a principios de 1932 con un equipo de jóvenes y brillantes economistas: Joan Robinson, Richad Kahn, James Meade, Austin Robinson, Piero Sraffa, Nicolas Kaldor y Roy Harrod. Él denominó a este grupo “Circus”, en el cual leían y discutían los textos que escribía. El aporte de Richard Khan con el multiplicador que Keynes integró en el capítulo 10 fue esencial y determinante: cuanto mayor es el atesoramiento menor será el impacto favorable del gasto.

Desde el segundo capítulo Keynes muestra que la base de la teoría ortodoxa, la Ley de Say, según la cual la oferta crea su propia demanda es una tautológica errónea, ya que la moneda es una reserva de valor. Si la oferta global se distribuye entre los salarios y los beneficios, y los trabajadores gastan todo lo que reciben para su subsistencia y los capitalistas invierten todos los beneficios recibidos, entonces la oferta global será igual a la demanda global. 

Si los capitalistas atenazados por la angustia que genera la incertidumbre y la posibilidad de pérdidas patrimoniales prefieren posponer la decisión de la inversión de los beneficios o fugar el capital, entonces se producirá un desequilibrio que se traducirá en una recesión y la aparición de un desempleo involuntario que generará una degradación del “clima de los negocios” e inducirá mayores incertidumbre, recesión y mayor desempleo. 

El error de la ortodoxia es suponer que frente a una caída del empleo y a un déficit de la demanda, los salarios y los precios de los bienes, por aquella hipótesis según la cual los mercados se autorregularán, restablecerán por sí mismos el equilibrio. Los precios y las cantidades no son los actores del drama de la crisis: no pueden serlo. Quienes actúan son los agentes económicos, las personas, con sus miedos, dudas y pasiones.

New Deal

Bernard Maris, profesor de la Universidad de París, autor de numerosos libros sobre el capitalismo contemporáneo y cronista económico del semanario «Charlie Hebdo», que perdió la vida en el atentado de enero del 2015, subrayó que Keynes tenía una percepción freudiana del comportamiento de los capitalistas

La incertidumbre les provoca una angustia histérica pasando de la euforia al pesimismo. Para ellos el dinero es a la vez Eros y Thanatos; el amor y la muerte en la recreación incesante del mito de Midas que todo lo que toca lo transforma en oro que es el deseo y se muere de hambre. 

No es la única alusión ya que Keynes descartó la racionalidad capitalista del homo economicus de obtener la mayor cantidad de bienes con el menor gasto o esfuerzo posible. En el capítulo 12 de la Teoría General señala que “los nervios, la angustia, el grado de histeria, e incluso los comportamientos digestivos y sexuales” juegan un rol central en la toma de decisiones. Los “espíritus animales” que dirigen el comportamiento son una “conducta eufórica y exultante”. En el capítulo 24 explicará, justificando el sistema capitalista, que “la posibilidad de ganar dinero y crearse un peculio puede canalizar ciertas tendencias peligrosas de la naturaleza humana hacia una actividad (económica) donde son relativamente inofensivas”.

En diciembre de 1933, luego de la victoria de F.D. Roosevelt en las elecciones presidenciales en Estados Unidos, Keynes le envió una carta donde escribe: “Si ud. fracasara, todo cambio racional quedaría desacreditado, y dejaría a los ortodoxos y los revolucionarios el campo libre para combatirse entre sí para el mal de todos. Pero si ud. logra su objetivo se pondrán en marcha nuevas y audaces reformas y podríamos fechar su llegada al poder como el comienzo de una nueva era económica”. 

La reformas a las que se refiere Keynes son de dos órdenes: 

1. Por el lado financiero, Roosevelt impone una baja de la tasa de interés, desliga el dólar del oro y prohíbe la tenencia de oro por parte de los particulares (se puede imaginar como los diarios argentinos actuales aullarían acusando la medida de “inconstitucional” y de un “ataque a la propiedad privada”). 

2. Por otro, en la esfera de la economía real, elevó la alícuota del impuesto al ingreso al 75 por ciento, y en 1941 la llevará al 91 por ciento. Impulsó planes masivos de reactivación económica, creó el seguro de desempleo en 1935, y fijó precios agrícolas bajo la administración de John K. Galbraith, y también fomentó grandes proyectos de desarrollo regional. 

Keynes viajó un año más tarde a Estados Unidos donde observó y discutió con el equipo de gobierno sobre el New Deal y una parte de la problemática que observará serán traducidas en la Teoría General.

Estuvo entusiasmado por las reformas económicas pero recriminó públicamente a Roosevelt de haber cedido a las críticas de la oposición disminuyendo el gasto público, lo que provocó la mini recesión de 1937. 

Con el inicio de la guerra mundial, Keynes se abocó de lleno a su tarea de asesorar al gobierno británico. En Bretton Woods, en junio de 1944, propondrá un sistema de clearing en el comercio internacional para impedir las fluctuaciones de los tipos de cambio y el poder hegemónico del dólar. Su posición es rechazada por los estadounidenses que prefieren la creación del FMI y el Banco Mundial. 

Muy cansado por su intensa actividad, que realizaba a pesar de su primer infarto en mayo de 1937, y la agravación de su enfermedad cardiovascular, Keynes siguió trabajando hasta fines de 1944 en que se retiró a su casa de Tilton donde falleció a su retorno de un nuevo viaje a los Estados Unidos. Tenía 62 años.

* Doctor en Ciencias Económicas de l’Université de Paris. Autor de La economía oligárquica de Macri, Ediciones CICCUS, Buenos Aires 2019.

bruno.susani@wanadoo.fr