Diego Otero Prada

Los gremios colombianos han presentado una alternativa a la reforma tributaria del gobierno, que no es otra cosa que otro programa neoliberal puro.

Sus puntos son propios de los economistas ortodoxos, de un claro credo neoliberal que se puede desagregar en los siguientes puntos.

  • Austeridad. Proponen reducir los gastos del gobierno, idea propia de los neoliberales, de que el estado es muy grande y que hay que disminuirlo. Nadie por supuesto, niega recortar los gastos innecesarios, excesos de publicidad, viajes, prebendas, mermelada. Pero, nadie habla del gasto militar.
  • Privatizaciones. Otra idea neoliberal y del Consenso de Washington, acabar con el estado, siempre con la excusa de que hay que buscar recursos.
  • Sostenibilidad fiscal. Otro engendro de los neoliberales que lleva a la austeridad o a limitar el gasto del gobierno.  Con este cuento ya rebasado y refutado, nuestros gremios andan en el atraso. Esta es la excusa para no gastar, porque significa que hay que limitar el déficit fiscal porque según ellos da lugar a inflación, a que las calificadoras nos rebajen el nivel del crédito y a que ahoguemos al sector privado. Sostenibilidad es la palabra de Carrasquilla, del gerente del Banco de la República, que no debería sesgarse, de la decana de economía de la Universidad de los Andes, en general, de todos los ortodoxos.
  • Nada de endeudamiento. Es otro tema de los gremios, hay que limitar el endeudamiento del gobierno, de ahí que hay aumentar impuestos y vender el estado. Sobre el endeudamiento también se habla de su no sostenibilidad.
  • Emisión. No aparece por ninguna parte, es una palabra prohibida en los neoliberales, nada de un préstamo del Banco de la República al gobierno con tasa cero y con plazo de pago largo de más de 30 años.

En conclusión, lo que proponen los gremios es otra medicina neoliberal que hay que criticar como la posición del gobierno.

Agrego, que, en la etapa actual del capitalismo neoliberal de Colombia, el Estado está al servicio del capital. Se ve en todos los aspectos, los gremios son invitados al Palacio de Nariño, se les consulta sobre la reforma tributaria, sobre los proyectos de ley, sobre las reformas a la salud. Mientras que los sindicatos no son invitados al Palacio, y mucho menos las organizaciones sociales, los indígenas y los afros, lo que sea distinto al capital y los politiqueros. El estado dejó de ser el mediador entre el capital y trabajo y ahora está al servicio del capital.

En verdad, es un gobierno que solamente se oye así mismo y a los gremios, especialmente si son del sector financiero. Pero nada con la sociedad civil.

En un estado que dispone de cierta soberanía monetaria como Colombia porque tiene su propia moneda no faltan los medios para atender a las necesidades de la sociedad. Tales medios son: colocar impuestos, endeudarse y emisión monetaria.

Al contrario de lo que dicen los economistas neoliberales de la Universidad de los Andes y de otros centros de investigación como Fedesarrollo y ANIF, los centros de pensamiento del capitalismo neoliberal, no se requiere una reforma tributaria por razones de sostenibilidad fiscal.  Se requiere, sí, pero para acabar con las injusticias fiscales y mejorar la distribución de ingresos colocando impuestos más altos a los ricos y las corporaciones, eliminar subsidios injustificados y exenciones de impuestos que no tienen razón de ser. Esta es la única razón hoy para hacer una reforma tributaria. Esto es lo que están haciendo algunos pocos países, pero ninguno está pensando en reformas tributarias, excepto para castigar a los ricos.

El estado no es un hogar que tiene límites para endeudarse. Los estados con soberanía monetaria no tienen límites. Colombia se puede endeudar en pesos y el Banco de la República debería prestarle al gobierno central unos 50 billones de pesos a 50 años con tasa de interés cero, con lo cual se puede hacer un gran programa de inversión, crear un plan de empleo o dar una renta básica a millones de colombianos.

Pero, la ortodoxia colombiana, una de las más extremas del continente, que tiene todavía mucho poder, no deja hacer nada.

Viendo lo que se hace y discute en el resto del mundo, sorprende el atraso que hay en Colombia sobre la discusión económica. Aquí todavía estamos en el neoliberalismo puro y extremo. Aquí no se han dado cuenta que el neoliberalismo es un fracaso. Aquí todavía piensan en reformas tributarias en períodos de pandemia y de alto desempleo abierto. Aquí todavía hablan de la sostenibilidad fiscal y límites al déficit fiscal. Es la ortodoxia neoliberal. Es un país muy atrasado con una clase dirigente muy ignorante. Ni que decir de los medios de comunicación que solamente entrevistan a los economistas ortodoxos.  Y a esto lo llaman democracia.

El Tiempo es especialista en esto: allí aparecen escritores sin conocimientos de economía, como el exfiscal Martínez Neira, Mauricio Vargas, María Isabel Rueda y Mauricio Botero, entre otros, pontificando sobre economía y exponiendo un lenguaje totalmente ortodoxo.