La embajada de Washington en Buenos Aires advertía antes del golpe que la cúpula castrense incurriría en «violaciones de derechos humanos».

El exdictador argentino Jorge Rafael Videla, en Buenos Aires, el 1 de enero de 1978STR / AFP

Archivos desclasificados por la Embajada de EE.UU. en Buenos Aires dan cuenta de cómo la Casa Blanca no solo estaba al tanto de que se preparaba un golpe militar para marzo de 1976 en Argentina, sino además que el gobierno de facto sería «prolongado y de una severidad sin precedentes» en su combate a la guerrilla.

Así lo demuestran los documentos secretos que dio a conocer el Archivo Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) este martes 23, un día antes del aniversario 45º del derrocamiento de Isabel Perón. 

Según reflejan las comunicaciones entre funcionarios del gobierno del entonces presidente Gerald Ford, en febrero de 1976 la embajada advertía que «el gobierno militar incurrirá en violaciones de derechos humanos». 

Los documentos muestran que, antes de consumado el golpe, el Ejército argentino buscó reunirse con el secretario de Estado estadounidense, Henry Kissinger, aunque la idea fue desalentada por el embajador Robert Hill.

Un reconocimiento discreto

El 13 de febrero de 1976, Hill se reunió con un empresario estadounidense nacido en Argentina, al que identifican como ‘Mr. Carnicero’, quien le informó que varios oficiales de alto rango le habían pedido que coordinara una reunión entre un representante militar apropiado y el secretario Kissinger, con el objetivo de explicarles «por qué necesitaban tomar el poder y buscar garantías de pronto reconocimiento».

El embajador rechazó esa idea con el argumento de que «tal reunión, si llegara a ser de conocimiento público, podría malinterpretarse en detrimento de los propios oficiales y del secretario Kissinger». Sin embargo, Hill recordó al emisario que la embajada ya había «indicado discretamente y a través de terceros a los militares que el Gobierno de los EE.UU reconocerá un nuevo gobierno en Argentina«. 

Finalmente, el 24 de marzo de 1976 se produciría el alzamiento militar y el genocida Jorge Rafael Videla asumiría la presidencia del país. El ‘proceso de reorganización nacional’, como lo presentaron los golpistas, dejaría unos 30.000 desaparecidos, miles de torturados, mujeres violadas, bebés robados y centenares de presos políticos. 

El director del Proyecto de Documentación del Cono Sur de la NSA, Carlos Osorio, habló desde Washington con el diario argentino Página/12 para analizar el contenido de los documentos: «El gobierno de EE.UU. sabía que el Ejército argentino planeaba cometer violaciones de derechos humanos durante un largo período, según sus propios cables de la Embajada. No hay indicios que demuestren que incitaron el golpe, pero lo apoyaron, consideraban a Videla un moderado. La dictadura que se instauró victimizó directamente a decenas de miles, torturados, violados y un estimado de 30.000 desparecidos. El saber que tal vendaval se avecinaba salpica de responsabilidad al gobierno de EE.UU. de la época», dijo Osorio.