Diego Otero Prada

Hay una discusión en diferentes actores en Colombia y Latinoamérica sobre el tema de la vida y la economía a propósito del Covid-19. Hay dos posiciones extremas: para unos hay que encerrarse para combatir el coronavirus y olvidarse de la economía, para otros, lo único importante es la economía, que bien reflejan Bolsonaro, Modi y Trump.

  En la literatura económica este tema se ha discutido hace mucho tiempo como un problema de beneficio-costo y lo que se considera un trade-off, metodología utilizada para definir diferentes tipos de problemas, cómo cuanto hay que gastar en salud para salvar vidas.

   Se dice que primero es la vida que la economía. ¿Pero de qué vidas se refiere? Porque no solamente el Covid-19 mata, hay todo tipo de enfermedades, más letales que el coronavirus, como las muertes por cáncer, diabetes, pulmonías, ébola, influenza, dengue, enfermedades cardiovasculares, Alzheimer, Parkinson y enfermedades gastrointestinales. Estas también son importantes, es curioso que solamente se habla del Covid-19.

Por supuesto, hay que salvar vidas, pero hay que tener un equilibrio entre economía y disminución de riesgos de muertes. Así, hay miles de accidentes de tránsito cada año en Colombia. ¿Deberíamos suspender la movilidad por vehículos automotores para que no haya muertes? Por supuesto que no. Hacerlo sería volver a la edad media o a la edad de las cavernas. En la edad media la gente se movilizaba por sus propios medios, a caballo o en carretas, y los atracos y muertes eran interminables. Era peligrosísimo andar por los campos.

  La solución no es prohibir el transporte sino tomar varias medidas para disminuir el riesgo de fatalidades, como control de velocidad, prohibición de manejar con trago, educación a los conductores y a los peatones en las ciudades, respetar las señales, vehículos cada vez más seguros, utilizar cinturones de seguridad y colocar altas multas por violar las normas. Y, esencial, más transporte público de calidad por buses, trenes, metros, utilización de bicicletas y peatonalización.

   Y como este ejemplo podríamos colocar otros, como la reducción del alcoholismo, el uso de opiáceos,…

    Racionar y encerrar

   En mi curso de sociología de la energía en el doctorado de Energía de la Universidad de Pensilvania, en el cual tomé varias asignaturas, se discutió el tema de los cortes de energía y el racionamiento eléctrico. Hay un artículo del profesor Klausner (July 1974) que habla de que hay que evitar a toda costa los cortes de energía eléctrica o racionamiento prolongados, o suspensión de la distribución de energéticos, no solamente por los efectos sobre la economía, sino por los impactos negativos sociales. 

   El argumento es el siguiente. En el siglo XX, y hoy más en siglo XXI, ya casi todos los procesos están electrificados o requieren de energías fósiles. Cortes de energía impiden que se realicen las actividades sociales que han sido impulsados por la disponibilidad de energía. Por ejemplo, el transporte, la visita a familiares y amigos, las reuniones sociales, las fiestas, la suspensión de todo tipo de actividades, con resultados muy negativos para las personas, que llevan a traumas depresivos, angustias, suicidios, violencia intrafamiliar, dificultad para realizar actividades necesarias para la vida, pérdida de empleos, enfermedades. Esto tiene un valor inmenso, también se puede cuantificar. De ahí que la respuesta que se daba era evitar como fuera el racionamiento de energía a través de medidas de conservación.

  Teóricamente, el consumo de energía es una función de las actividades sociales que implican una tecnología de energía. De ahí, que si hay que hacer racionamiento que implica distribuir energía escasa debe realizarse con reglas que tengan en cuenta las actividades sociales, es decir, no mirarlo como si se tratara de un producto a racionar, y listo, sino como disminuir el impacto sobre las actividades sociales.

   Aquí se puede hacer una comparación similar con los confinamientos por el Covid-19, hay que pensar, como decía Zellner, que sí es necesario llegar a un racionamiento eléctrico, el encierro debe ser mínimo para reducir los efectos sociales negativos. Es una opción que debe ser utilizada para situaciones urgentes y por períodos cortos y evitar, en lo posible, su generalización indiscriminada.

    En otras palabras, los acuartelamientos no pueden ser prolongados y deben respetarse los derechos humanos y no utilizar estas medidas, como en Colombia, para legislar sobre todo tipo de materias, prohibir las protestas, las movilizaciones, imponer medidas sin sentido como picos de placa y género, toques de queda, leyes secas, es decir, medidas que no van a combatir a la larga el coronavirus. Se requiere implementar una estrategia integral sanitaria y social, lo que no se ha dado en Colombia. Y miren, con todas las restricciones que se han impuesto, el Covid-19 avanzó fuertemente y estamos a finales de septiembre de 2020 en los primeros lugares del mundo en casos y muertes y en valores por millón de habitantes.  Y si se está en la parte descendente, todavía los infectados y muertes son altos. Entonces, no se puede decir que la estrategia ha sido un éxito.

   Ahora, la idea es reducir, por supuesto, el impacto del Covid-19 en muertos, la pregunta es cuál es la mejor estrategia que combine salvar vidas y no alterar tanto la economía.

Qué dejan las experiencias de estos siete meses

  En el tema del Covid-19, la experiencia de estos siete meses deja muchas enseñanzas.  La primera, los acuartelamientos generalizados no son la solución en el mediano plazo, excepto por períodos cortos al comienzo. Es decir, los encierros ya deben ser focalizados. No tiene sentido encerrar a poblaciones enteras, sino concentrarse donde se presentan brotes, que es más eficiente y productivo para controlar la epidemia. Hay ya consenso sobre las siguientes medidas mientras apare la vacuna o tratamientos que controlen los efectos:

1). Uso obligatorio de mascarilla en espacios públicos

2) Evitar recintos cerrados, o que tengan poca ventilación

3) Lavado de manos con jabón frecuentemente

4) Testeos masivos pero enfocados, nada de pruebas al azar. Por ejemplo, testeos a jóvenes.

5) Aislamiento de infectados asintomáticos y sintomáticos, y trazabilidad, o sea, un seguimiento a todos los contactos

6) Los resultados de las pruebas deben ser inmediatos, de lo contrario, es difícil controlar la pandemia

7) Buenos sistemas de salud con hospitales adecuados y bien dotados de todo tipo de quipo necesario para tratar la los infectados

8) Disponibilidad de personal médico y paa médico suficiente, bien preparado y pagado

9) Vincular a la comunidad para realizar tareas de educación y vigilancia

10) Soporte económico a los desempleados y a los informales desocupados

11) Control a sitios de posible contagio como prisiones, ancianatos, plazas de mercado, centros hospitalarios y de salud, fuerzas armadas y de policía

12) Distribución gratuita de mascarillas y jabón a las poblaciones en extrema pobreza

13) Protocolos estrictos de seguridad en todos los sitios públicos como almacenes, hoteles, colegios y restaurantes.

14) Evitar el pánico con noticias alarmantes

15) Educación sobre prevención del virus para eliminar mitos, supersticiones, y medidas de control equivocadas

16) Exacta información de contagiados y muertes

Aquí defiendo que hay que tener un equilibrio entre economía y vida, pero lo generalizo a todo tipo de patologías porque es muy peligroso que se le da importancia exagerada al Covid.19 y se olviden las demás enfermedades que causan muchas más muertes que el Covid-19. Por supuesto, el Covid-19, como virus que es, da lugar a contagios, y esto es lo peligroso, a diferencia de las enfermedades normales que no infectan, pero son más letales.

   Se han tomado medidas absurdas, sin ningún sentido sanitario para combatir el Covid-19 en Colombia tanto por el gobierno nacional como por los gobernadores y alcaldes, en lo que es el poder macro. A nivel de micro poder, hay también medidas discutibles tomadas por los centros comerciales, las papelerías, librerías, los administradores de conjuntos,.. Cito las siguiente:

  1. Encierro total a los adultos de más de 70 años
  2. El pico por género
  3.  El pico por cédula
  4. El toque de queda
  5. La ley seca
  6. El acuartelamiento a municipios sin Covid-19
  7. La información que se solicita en ciertos establecimientos, como papelerías y librerías de datos personales
  8. La duplicidad de presentar las cédulas en los centros comerciales. Para entrar hay que presentar la cédula por estas medidas ridículas y luego adentro en cada establecimiento.
  9. Encerrar a municipios enteros o localidades, como en Bogotá, en lugar de concentrarse en los sitios donde hay brotes, como barrios.
  10. El abuso de la policía, que ya sabemos como ha terminado, con asesinatos, heridos y levantamientos populares.

Se presume que algunas de estas medidas tienen por objeto disminuir la movilidad y los contactos. Tomemos el caso de la ley seca. Cuando no hay bares ni restaurantes abiertos la ley seca se aplicaría para no tomar licor en los hogares. El control es imposible, y, por otra parte, como se avisa con tiempo, pues se compra trago antes. Así que es una medida sin objeto para combatir el Covid-19.

  El caso del toque de queda. Si es para no salir por las noches, es muy poca la movilidad que se reduce, la gente normalmente no sale por las noches por el peligro que supone en Colombia, especialmente en los grandes centros urbanos, y porque el 99% las personas dedican su tiempo para descansar.

   El pico por cédula o por género, su propósito es reducir la movilidad. ¿Se logra? El día que usted puede salir, todos van a hacer sus diligencias, e igualmente afecta las relaciones sociales.

   Que no se abran los almacenes sino después de medio día. ¿Se evita la congestión? Al contrario, si los comercios se abren desde las 9 am hay una mejor distribución del desplazamiento durante el día. ¿Que para disminuir el transporte? Tampoco, hoy la gente va a los comercios cerca del sitio donde viven.

   Otro hecho, en Bogotá y muchas ciudades se han encerrado a poblaciones enteras indiscriminadamente, sin concentrarse en los sitios donde hay brotes. En Bogotá, por ejemplo, cerrar localidades enteras no tiene ningún sentido. Así, la localidad de Usaquén es muy diversa. Hay barrios de todo tipo, de clases altas, medias y bajas, sitios donde se lleva una muy buena disciplina que no tiene ningún sentido cerrar. Es la idea autoritaria del castigo, del encierro. Además, se produce el desplazamiento de zonas encerradas a las que no lo son.

¿Por qué cerrar la economía?

Como la vacuna no se encontrará inmediatamente, pasarán meses, así que es inapropiado seguir cerrando la economía porque los efectos son peores que la cura.

  Por supuesto, las empresas quieren abrir porque necesitan que su capital no se desvalorice, y tienen que buscar ganancias. Se está en un sistema capitalista, pero aún en países con sistemas diferentes, la economía no se puede parar porque los efectos son nefastos, y en vidas, amigos del acuartelamiento, en pobreza, en desnutrición, en problemas mentales, en suicidios, en violencia.

   El capitalismo no se va a acabar porque deje de funcionar si no hay la alternativa política para reemplazarlo por otro sistema.  Es decir, tiene que existir un aparato político y social dispuesto a derrumbar el capitalismo. Pero, aun así, este nueve sistema tiene que empezar a producir Esta idea es ingenua, de un romanticismo parecido al socialismo utópico que combatió Carlos Marx.

  Indudablemente, que los empresarios quieren poner a trabajar su capital. En esto no solamente se perjudican los grandes empresarios sino los pequeños y medianos. En Colombia, se les olvida, a estos románticos, que la economía funciona por millones de mini, pequeñas y medianas empresas. Los más perjudicados son estas empresas porque las grandes tienen el apoyo del gobierno.

  La solución inteligente para encerrarse por meses sería la de proveer de recursos a toda la población, para que puedan atender su supervivencia, lo que no se ha dado en el país.

  En Colombia no existe ningún movimiento político ni organizaciones sociales que estén proponiendo romper al capitalismo, nadie habla de socialismo en el país, aún, a muchos le da miedo hablar de izquierda o que los califiquen así. Las propuestas se limitan a hablar de diversificación productiva, de más inversión pública y presencia del estado, de tributación progresiva. Estas son propuestas de cuño social demócrata que en ningún sentido buscan una sociedad post capitalista. Son propuestas que el mismo sistema puede aplicar. Si no lo hace es porque todavía están dominados por la ideología neoliberal.

  Las elecciones regionales de octubre de 2019 probaron que hay por lo menos entre 30% y 40% de los ciudadanos que buscan alternativas diferentes a las tradicionales, lo que es un avance inmenso. Pero ninguna de las alternativas presenta un riesgo para el sistema. Ninguna se declara de izquierda, ni anticapitalista ni socialista.

  El partido Verde es una mezcla de diversas corrientes desde la derecha a una cierta centro izquierda ligera. Su máximo representante es la alcaldesa de Bogotá, que no es de izquierda, ni de centro izquierda, es una mezcla de posiciones de derecha, centro y algo de izquierda. No pienso que sea de centro izquierda contratar hospitales en Bogotá bajo alianzas privado-públicas, recomendación del Banco Mundial, que es otra forma de privatización, con firmas españolas, que buscan la ganancia. Ni privatizar empresas públicas, entregando su funcionamiento, presidente y miembros de las juntas directivas, a personajes del sistema y del sector privado y financiero. Tenemos claro que la salud no puede ser un bien comercial y que debe ser función del estado. Increíble, según parece, que ahora los futuros hospitales de Bogotá los van a manejar firmas privadas cuto interés es logra el máximo de ganancias.

  Colombia Humana es Gustavo Petro, cuyo programa es de izquierda liberal tipo Gaitán y algo de socialdemocracia. El Polo Democrático nunca ha dicho que busca el socialismo, ni se declara partido de izquierda, ni busca acabar el sistema sino volverlo más humano; su mayor tendencia, el Moir, busca encontrar burguesía nacional, reminiscente del frente único maoísta.

   El partido Liberal, salvo algunas expresiones, es un partido de derecha. Los demás grupos como Asi, Maís y Aico, que se dicen de centro izquierda, son un remedo. Sergio Fajardo no es de izquierda ni de centro izquierda, en realidad no se sabe qué piensa.

   Los partidos religiosos Mira y Colombia Justa Libre son de derecha y casi de extrema derecha. Muchos alcaldes y gobernadores que resultaron victoriosos con programas anticorrupción y antipartidos tradicionales, no son de izquierda, y en sus actividades algunos han mostrado que son parte del sistema. Los demás partidos, la U, Cambio Radical, Centro Democrático, y Partido Conservador son la derecha y extrema derecha.

   Hay también movimientos feministas, ecologistas, ambientalistas, animalistas, minorías sociales, indigenistas, afrocolombianos, con muy buenas intenciones, pero su lucha está dentro de los límites del sistema capitalista.

  Hay una minoría de intelectuales, profesores, líderes sindicales, y  sociales que tienen posiciones claramente anticapitalistas y quieren un socialismo, pero cuya influencia es todavía menor

La teoría económica y el trade-off

Hay abundante literatura sobre este tema. Cito varias referencias en la bibliografía, algunas de las cuales voy a utilizar, como las de Hall (June 2020), Kniesner (April 2019), Hall (August 2004) y   Aum (May 2020).

  La pregunta que se han hecho diversos investigadores es: ¿cómo deberíamos compensar grandes reducciones en consumo y PIB para evitar las muertes causadas por el coronavirus? Es el tema del trade-off, que en economía es muy claro. Es una relación beneficio-costo, que nos dice que tanto estamos dispuestos a perder de algo a cambio de un beneficio. Es un problema del compromiso de dos objetivos excluyentes. Cuanta inflación estamos dispuestos para aumentar la actividad económica en el corto plazo, pero en largo plazo mayor inflación puede disminuir la actividad económica y producir más desempleo. Entonces hay que encontrar un balance.

  O sea, ¿cuánto se está dispuesto a pagar para reducir el riesgo de mortalidad? Cuanto se está dispuesto a pagar por salud para evitar una muerte, es otra pregunta cuando se trata de la toma de decisiones sobre el sistema de salud. Esto implica calcular el valor de una vida. Es decir, cuanto está dispuesta a pagar la sociedad en pérdida de consumo o PIB para reducir el riesgo de una muerte. O, también, cuanto hay que gastar en salud para evitar una muerte, o reducir el riesgo de mortalidad.

   Para ello, los economistas calculan el valor de una vida, teniendo en cuenta varias características, como la edad. Se trata de determinar el valor de un año de vida medido en términos de consumo per cápita.  La ecuación para llegar a esto, cuya explicación y deducción se encuentra en los artículos citados, es la siguiente:

   α =  δ. v. LE

 Donde:

α años que la sociedad está dispuesto a dejar de recibir de consumo (o PIB) para evitar el riesgo asociado al Covid-19

δ tasa de mortalidad en la población debido a la pandemia

v valor de un año de vida medido en años de consumo per cápita

LE expectativa de vida

   Hall y et al (June 2020, p. 2-3) dan un ejemplo con datos para los Estados Unidos. Suponen que la tasa de mortalidad δ es 0,40%, que v = 6, o sea que un año de vida vale 6 veces el consumo anual y que LE para las víctimas de la pandemia es de 14,5 años.

   De acuerdo con estos supuestos, la sociedad estaría dispuesta a perder 38,0% del consumo de un año para evitar el riesgo de mortalidad asociado con la pandemia. Por supuesto, si la tasa de mortalidad es más baja, la pérdida aceptable de consumo de un año baja puede reducirse irse a menos de 28%.

   Pero, otro tema tiene que ver con los cálculos por edad. Así, unos autores asignan un mayor valor a los últimos años de vida. Contrario a lo que se piensa, al estimar los cálculos por edad se encuentra que a medida que aumentan los años, se acepta más la pérdida de consumo. Claro, los adultos aprecian más un año de vida que los jóvenes, de ahí que los de menor edad no aceptan tanta pérdida de consumo. En el estudio de Hall, bajo los 20 años, se acepta solamente una pérdida de 0,3% del consumo, mientras que para lo de más de más de 70 años la perdida aceptada va de 28,0% a 34,3%.

   La conclusión, independiente del tamaño aceptable de reducción en el consumo o en el PIB, es que se acepta hasta cierto límite, o se acepta un valor de costo hasta un máximo, más allá de lo cual es inaceptable y no corresponde a un equilibrio de beneficio-costo entre disminuir el riesgo de perder vidas o perder más consumo.

    En esta metodología es clave el cálculo del valor estadístico de una vida -VSL. Inicialmente se calculaba como el valor presente de la pérdida en ingresos y de los costos asociados con la muerte. Pero, se cambió a otros conceptos que se consideraron más apropiados. Básicamente, son dos metodologías de tipo empírico: preferencias reveladas y evidencia de preferencias declaradas (stated preference evidence).

  La primera, tiene como base estudiar el mercado laboral, donde se analizan las compensaciones que se dan dependiendo del riesgo de los trabajos.  La segunda se fundamenta en encuestas en que se mide que tanto se está dispuesto a pagar por salvar una vida.

 Para los Estados Unidos el VSL es de alrededor de $US10,8millones en 2017 y para otros países este valor es generalmente menor dados las elasticidades del VSL con relación al ingreso según los países.

   El estudio de Viscusi (2017) parte para los Estados Unidos de un valor de $US9,6 millones para 2017, similar al utilizado por diferentes agencias de los Estados Unidos como el Departamento de Transporte, la Agencia de Protección Ambiental y el Departamento de Salud y Servicios Humanos.

   Para otros países, la metodología para estimar la elasticidad de ingreso del VSL, ha sido un metaanálisis de los cálculos existentes que han dado valores tan altos como 1,0. En esta forma, Viscusi encuentra que para Colombia el VSL para el año 2017 es de $US1,228 millones

Frontera de posibilidades de distribución pandémica-PPF

  Otro enfoque no hace uso del valor estadístico de una vida, sino que parte de construir la frontera de posibilidades pandémica, que muestra la distribución de los costos en bienestar asociados con diferentes tasas de mortalidad dependiendo de las estrategias alternativas. de confinamiento y estímulos fiscales (Kaplan, Moll y Vialanti, septiembre 2020).

   En este enfoque, los autores construyen para los Estados Unidos la frontera de posibilidades de distribución pandémica (PPF). En el eje vertical se representan los costos de bienestar económico medido en múltiples de ingreso mensual perdido por los hogares y en el eje horizontal las tasas de mortalidad nacional para diferentes alternativas de acuartelamiento. A mayor acuartelamiento hay menores muertes y en la situación extrema de laissez-faire, las pérdidas son menores pero las muertes son más altas. Pero la cuerva no es continua, sino que es no lineal, con secciones de diferentes pendientes (figura 1).

  Los autores simulan con una combinación de modelos epidemiológicos y macroeconómicos varias alternativas de aislamiento y de estímulos fiscales.  La idea es hacer que la curva gire hacia adentro porque en esta forma los efectos negativos disminuyen.

   Un aspecto importante del estudio de Kaplan, Moll y Valianti, es el de determinar los efectos distributivos, ya que la pandemia afecta diferente a los hogares según su posición social, su tipo de trabajo, su edad.

   Los principales resultados del análisis para los Estados Unidos, algunos de los cuales pueden aplicarse para Colombia son:

  1. Los costos económicos son grandes y heterogéneos. Con acuartelamiento de dos meses, la pérdida de bienestar económico es de tres meses de ingreso. Para la alternativa de laissez-faire la perdida es de dos meses, pero las muertes son más altas, con diferencias sustanciales.

Fuente: Kaplan (2010).

  1. Los costos de bienestar recaen más sobre los estratos medios, porque para los hogares de menores ingresos las transferencias del gobierno los favorecen, y para los estratos altos, como trabajan en puestos flexibles son también menos afectados.
  2. Las pendientes de la PPF  varían tremendamente según la duración del acuartelamiento.
  3. La política fiscal implementada en los Estados Unidos fue exitosa en mitigar las pérdidas de bienestar en promedio 20%, mientras las muertes permanecieron sin cambiar.

En sus conclusiones, los autores dicen lo siguiente:

    ” Las simulaciones de nuestro modelo sugieren que la perspectiva de un hogar representativo  que ignora las heterogeneidades existentes  no tiene  en cuenta los efectos de  primer orden del acuartelamiento y las políticas fiscales. Los costos económicos de bienestar por la pandemia son grandes y heterogéneos independiente de las respuestas de política. Aún con aislamientos inteligentes y políticas fiscales que ofrecen un trade-off más favorable en términos de resultados sin embargo dan lugar a resultados desiguales. Mientras el énfasis en el debate público  se ha concentrado en el trade-off que los gobiernos afrontan entre vidas y medios de subsistencia, enfatizamos que es igualmente importante y que es una decisión inescapable analizar que partes de la población llevarían la carga más pesada de los costos económicos”.

   Por supuesto, todos los estudios muestran que una vida vale. Qué disminuir el riego de mortalidad exige invertir en salud, que hay un beneficio mayor que los costos. Pero, a su vez, que hay un equilibrio, en este caso cuando el costo marginal es igual al beneficio. El gasto no puede ser infinito, reducir el riesgo más allá de un cierto porcentaje, como 0,001% se hace prohibitivo y los costos son mucho mayores que el beneficio.

  Aplicado al Covid-19, es lo mismo, se llega un punto en que encerrar a una población más allá de cierto límite los costos son mayores que los beneficios. O, como en el tema del racionamiento, en que hay que tomar medidas de conservación para evitarlo, aquí se trata de tomar medidas preventivas que no son las de encerrar a la gente por largos períodos, o indiscriminadamente, sino de tomar acciones como las que se han mencionado. Por supuesto, las soluciones son las vacunas y tratamientos antivirales, para disminuir la tasa de mortalidad.

Valor estadístico de una vida-VSL en Colombia

    Con el VSL para Colombia de 1,4 millones de dólares de 2020, los 25 000 muertos por el Covid-19 del 24 de septiembre equivalen a una pérdida de 136 billones de pesos, equivalente a 13,8% del PIB de 2019.1

O sea, hay un costo económico por los fallecidos por el Covid-19 que se podría (o puede) haber disminuido invirtiendo en un buen sistema de salud, aplicar pruebas a tiempo y en cantidades, suministrar kits de seguridad y ayudar a la gente, informales, vendedores ambulantes, pequeños comerciantes y clase media, definiendo una renta básica para que se mantuvieran en los hogares el máximo tiempo posible, en valores iguales al costo económico de evitar muertes.

     En otras palabras, los gastos del gobierno en ayudas fiscales y mejoramiento de los sistemas de salud para disminuir este total de muertes estuvieron muy pero muy por debajo de este costo en muertes perdidas, ya que no pasaron de 10 billones de pesos.  En este sentido, los gobiernos son responsables de muchas de estas muertes porque la gente, a falta de recursos, tuvo que salir a la calle, y se formaron congestiones, para buscar cómo sobrevivir, en lugar de haber adoptado un plan de ayudas importantes para millones de colombianos informales, de pequeños comercios y de clase media desplazada de su trabajo, se quedaran en sus hogares. Esta es la forma como hay que entender el trade-off entre salud y bienestar. 

    Más que reducir el total de casos de infectados, más importante es reducir las muertes, o sea, bajar la tasa de mortalidad, que implica detectar a tiempo los contagiados, y un buen sistema de salud, además de las medidas preventivas.

1 El cálculo parte de un VSL para Colombia de $US1,4 millones, 25 000 muertes, un precio del dólar de 3700 pesos y un PIB estimado para 2019 1 054 113 miles de millones de pesos corrientes.

Bibliografía

Aum, S., Lee S. and Shin, Y (May 2020). Covid-19 doesnt need lockdowns to destroy jobs: the efecto of local outbreaks in Korera. National Bureau of Economic Research. Working paper 27264. Cambridge, MA.  

Hall, R., Jones, Ch. and Klenow, P. (June 2020). Trading off consumption and Covid-19 deaths. National Bureau of Economics Research, Working paper 27340. Cambridge, MA.

Hall, R. and Jones, Ch. (August 2004). ThE value of life and the rise in health spending. National Bureau of Economic Research. Working paper 10737. Cambridge, MA.

Kaplan, G., Moll, B. and Vilante, G. (September 2020). The great lockdown and the big stimulus: tracing the pandemic possibility frontier for the U.S. National Bureau of Economics Research. Work8ng paper 27794. Cmbridge, M.A

Kniesner, T and Viscusi, W. (April 10, 2019). Tha value of a statistical life.Vanderbilt University Law School. Working paper 19-15.

 Klaunes, S. (June 1974). Energy rationing and energy conservation: foundations for a social policy.National Center for Energy Management and Power. University of Pennsylvania. Philadelphia, Pennsylvania, US.

 Viscusi, W., Masterman, C. (september 2010). Income elasticitiers and global values of a statistical life. Society for Research Cost Analysis.

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