Medio siglo se cumple de la victoria de Salvador Allende, presidente del primer Gobierno socialista que llegó al poder a través de las urnas. El país andino inició el 4 de septiembre de 1970 un camino de Unidad Popular inédito.

El presidente de Chile, Salvador Allende, saluda a sus seguidores desde su coche descubierto, en Santiago, pocas semanas después de su elección. A su lado, a caballo, es escoltado por el general Augusto Pinochet. | AFP

CAROLINA ESPINOZA CARTES

 @reportera09

«Porque esta vez no se trata, de cambiar un presidente/ será el pueblo quien construya, un Chile bien diferente/ Todos vénganse a juntar, tenemos la puerta abierta y la Unidad Popular, es para todo el que quiera». Esta estrofa de la Canción del Poder Popular, compuesta por el grupo musical Inti Illimani, resume bastante bien el sueño revolucionario de Salvador Allende, quien llegó después de tres intentos anteriores al Palacio de la Moneda, un día como hoy hace 50 años.

El gobierno de la Unidad Popular chilena, una coalición política que consiguió la imposible misión de aunar bajo un mismo paraguas a partidos de izquierda, quería terminar con las desigualdades históricas que había sufrido el pueblo de Chile y hacer partícipes a sus ciudadanos del proceso de transformación social por la vía pacífica. De esta manera, las capas sociales más discriminadas, aportarían por igual a la construcción del Hombre Nuevo, del que había hablado Marx, luego Gramsci, y posteriormente Ernesto Che Guevara.

0La vía chilena al socialismo o como se le conocía coloquialmente «la revolución con empanadas y vino tinto», contemplaba la ejecución del Programa de la Unidad Popular que se resumía en 40 puntos. Desde medidas tan revolucionarias como la nacionalización de las principales empresas del país (entre ellas, el cobre), hasta disposiciones adelantadas a la época, como el asegurar a cada niño y niña el consumo de medio litro de leche diaria, o la descentralización del acceso al arte a través de la creación de los Institutos Provinciales de Cultura.

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Se trataba de un proyecto transformador e integral que no dejaba al descuido ningún aspecto del desarrollo social, económico y humano, que terminó violentamente tras mil días con el golpe de Estado encabezado por Augusto Pinochet.

Quienes participaron en el programa de gobierno o compartieron los ideales de la Unidad Popular, vivieron un cambio en sus vidas que los marcó para siempre. Medio siglo después, actores desde diferentes disciplinas y áreas del saber, relatan cómo recuerdan aquellos días y las transformaciones que ha sufrido el país, desde ese entonces.

Un Chile bien diferente

El poeta y ensayista Sergio Macías, confiesa que el triunfo de Salvador Allende fue una de las ilusiones políticas más grandes que ha tenido «vimos un nuevo camino de libertad y de justicia social. A los pobres se les marginaba, menospreciaba y, a veces, cristianamente se les trataba de pobrecitos ayudándolos con algo de ropa y comida, que algunas señoras de la clase alta después del té-canasta iban a dejar a las poblaciones, haciendo luego publicidad de la caridad que realizaban. Con la Unidad Popular surgía una nueva etapa donde el ser humano era lo más importante».

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El rescate de esa humanización del desarrollo, incluido en el programa de la Unidad Popular que gobernó con Allende, queda también de manifiesto en el relato de Laura González, doctora que trabajaba en el sistema público de sanidad en Chile en ese momento. «Era tanta la ilusión que yo participé ese día como vocal en una mesa electoral en Las Condes (Santiago). Recuerdo que por la tarde se acercó a esa mesa Eric Schnake, diputado socialista y me dijo muy bajito, «vamos ganando».

Me fui caminando a la casa y recuerdo que había un gran silencio en el barrio, pero ya se podía saborear la victoria, en la que tuvieron un papel fundamental las mujeres menores de 30 años, que le dieron el triunfo a Allende. Como médica, destaco del gobierno de la Unidad Popular su profunda preocupación porque el sistema sanitario beneficiara a todos los chilenos. El mundo rural en ese entonces, prácticamente no tenía acceso a la salud y en los niños había desnutrición», explica desde Chile, la viuda del funcionario español de Naciones Unidas, Carmelo Soria, asesinado por la dictadura de Pinochet.

El jugador Carlos Caszely con el presidente Salvador Allende.

El futbolista Carlos Caszely, seleccionado nacional en 1971, también recuerda los primeros días de la Unidad Popular «tenía como dieciocho años, estaba en la Universidad cuando se empieza a dilucidar quién podría ser el Presidente de Chile y recuerdo que decían: cuando seamos dueños del cobre, no los americanos, ¡Chile va a tirar para arriba! Nunca me voy a olvidar lo que me dijo una vez mi madre para explicarme los planes de nacionalización del cobre: «Tú eres dueño de la casa, la arriendas y esa gente le pone los muebles y después te la quieren vender. Lo mismo que el cobre. El cobre es nuestro, ellos ponen las máquinas y te lo venden más caro.

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Cuando el cobre sea nuestro vamos a tener más plata para la educación, ¡más plata para todos y vamos a ser un país mas grande! Estuve con Allende varias veces y comprobé que tenía bastantes coincidencias con su planteamiento», recuerda Caszely, que posteriormente jugó en los clubes Levante y Espanyol.

«El sueño de Allende lo revivo todos los días, y lo reviví hace poco, cuando volví a votar después de la última vez que lo hice en Chile el 4 de septiembre de 1970» sostiene el guitarrista Eulogio Dávalos, quien trabajó en la política cultural de la UP. «Participé en la Discoteca de la Canción La Discoteca del Cantar Popular (DICAP), un sello discográfico chileno destinado a publicar a los artistas que no tenían espacio en los sellos multinacionales por sus temáticas contestatarias y anticapitalistas. Se convirtió en el soporte discográfico de la Nueva Canción Chilena, con figuras como Víctor Jara, Violeta Parra, Quilapayún, Ángel Parra o Inti Illimani», relata Dávalos desde Barcelona, lugar donde se exilió en 1975.

La revolución de 2019

El aniversario cincuenta de la Unidad Popular llega en un Chile muy diferente al del año pasado. Desde el 18 de octubre el descontento de muchos chilenos indignados por las inequidades del modelo neoliberal impuesto por la dictadura y por la pasividad de los gobiernos democráticos, quedó reflejado en las calles a través del estallido social que tiene como objetivo inicial cambiar la constitución de Pinochet.

Para Laura González, este movimiento difiere de la Unidad Popular al no tener dirección política ni un líder. Sin embargo, ve una similitud al atravesar dice, todas las capas sociales. «Otro símil con la UP, podría decirse que es la presencia de la mujer y sus reivindicaciones actuales reflejada por ejemplo con el grupo Las tesis y su performance El violador eres tú, que ha dado la vuelta al mundo, haciendo universal la causa feminista».

Para el ingeniero agrónomo valenciano Vicent Garcés, la revuelta ciudadana de 2019 «es un gran indicador de que los sueños no han muerto. Los golpistas abortaron el proceso político, democrático, que visualizaba Allende para superar la crisis de aquellos momentos. Esperemos que, en esta ocasión, el pueblo de Chile encuentre los caminos para seguir avanzando y superar las trampas de todo tipo que se le van a tender. Esos caminos tienen mucho que ver con las ilusiones, las esperanzas y las propuestas del Programa de la Unidad Popular, que el presidente Allende encarnó y defendió hasta su muerte. Lo que nunca entendieron los golpistas, y nunca entenderán sus sucesores, es que en la memoria y en las esperanzas del pueblo de Chile y de los pueblos del mundo Allende y su pensamiento siguen vivos», señala Garcés, asesor junto a su hermano Joan, del presidente Allende.

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