Miles de persona protestan por la muerte de un joven afrodescendiente en una comisaría

 A pesar de la prohibición de la Prefectura los manidestantes se reunieron para escuchar los testimonios de las familias de víctimas de violencia policial y de racismo y para gritar a coro, el puño en alto: “sin justicia no tendrán paz”.

Por Ariana Sáenz Espinoza

Lasmanifestaciones por la muerte de Adama Traoré fueron masivas a pesar de la pandemia. 


Imagen: EFE

Desde Paris.Desde la muerte de Adama Traoré el día de su cumpleaños en el cuartel de la gendarmería de Persan tras un arresto policial, el 19 de julio de 2016, su hermana Assa Traoré no ha dejado de denunciar la impunidad de la violencia ejercida por la policía sobre los cuerpos de las personas racizadas en los barrios populares franceses. A través del colectivo del que es portavoz, el Comité Verdad y Justicia por Adama, Assa Traoréha hecho frente junto con su familia a múltiples disuasiones coercitivas, falsas pericias y encubrimientos judiciales a los gendarmes responsables. Este viernes decenas de miles de personas pidieron justicia por Adama en las calles de Paris.

La investigación del caso no está cerrada, ya que las causas de la muerte del joven de 24 años oponen a los expertos forenses: se desestimó la responsabilidad de los gendarmes señalando patologías respiratorias cuya veracidad fue desmentida por nuevas pericias solicitadas por la familia de la víctima. Hoy, la familia Traoré se mantiene firme en su voluntad de seguir adelante sin negociación alguna hasta conseguir un verdadero procedimiento judicial.

Como George Floyd, Adama Traoré se ha vuelto un símbolo nacional de lucha contra el racismo de estado y la violencia policial. Las movilizaciones masivas en distintas ciudades de Estados Unidos y de Francia han llevado a comparar en ambos países la realidad de un racismo estructural cuya máxima expresión radica en la eliminación física y social de un determinado grupo humano.

Mientras algunxs buscan protagonismo en la lucha antirracista promoviendo en los medios y en las redes sociales relatos de desconstrucción de sus privilegios blancos, otros sectores de la opinión francesa deniegan la existencia de una política neocolonialista, aferrándose a la convicción del triunfo de un universalismo republicano dentro del cual los prejuicios y actos racistas son fenómenos aislados.

Esto, sabiendo que el partido de extrema derecha RN alcanzó su auge en la segunda ronda de las presidenciales en 2017 con un porcentaje de votos emitidos del 34,32 por ciento a favor de Marine Le Pen. Avatar del Frentr Nacional, partido creado en 1972 por el movimiento neofascista Ordre Nouveau (Orden nuevo), fue liderado desde su fundación hasta el año 2011 por el ex militar Jean Marie Le Pen quien, después de haber participado en la guerra de Indochina, cometió actos de tortura durante la guerra de Argelia.

Entre la lista de leyes memoriales francesas, la que concierne la historia colonial apunta a valorar “el papel positivo de la presencia francesa”. Por otra parte, tras décadas de vergüenza y silencio en los departamentos franceses de ultramar y de falta de interés en la Francia metropolitana, recién en 2001 se votó una ley, que lleva el nombre de su instigadora, la ex Ministra de Justicia socialista Christiane Taubira, relativa al reconocimiento como crimen contra la humanidad de la trata de esclavos y la esclavitud perpetrada desde el siglo XV. A este fallo de la memoria contribuye la presencia en los espacios urbanos de monumentos, estatuas y nombres de calles y de plazas que conmemoran positivamente la colonización y la trata de personas, sin contextualización crítica.

El gobierno de Emmanuel Macron respecto de la memoria colonial padece de la misma amnesia que las clases políticas que lo preceden. La violencia de su accionar represivo durante las movilizaciones sociales y en barrios ghetoizados ha incrementado de manera notoria desde el inicio de su gestión. Los ciudadanos franceses descendientes de inmigrantes procedentes de países de África subsahariana y del Maghreb, entre otros, sufren una alta tasa de mortalidad debida al cúmulo de discriminaciones raciales y sociales y a la impunidad con la que cuenta la policía nacional francesa. Assa Traoré denuncia que las fuerzas de seguridad usan los barrios populares como campos de entrenamiento, ya que llegan armados como si estuvieran en una zona de guerra para violentar los cuerpos de los jóvenes.

En 2008, a raíz de que Francia fuera condenada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) tras la muerte de un joven de 24 años diagnosticado con esquizofrenia, Mohammed Ali Saoud, de un paro cardiorrespiratorio durante un arresto policial, la Inspección General de la Policía Nacional ordenó que «la inmovilización en posición prona” se practique lo menos posible. Sin embargo, el uso el “decúbito ventral”, entre otros métodos, siguió extendiendo una larga lista de muertos.

La fuerza movida por Assa Traoré ha conseguido convertir el crimen del que fue víctima su hermano en una batalla colectiva que ya no pertenece solamente a la familia Traoré sino a la llamada la “generación Adama”. El Comité Verdad y Justicia por Adama es ahora un movimiento social de peso que se hizo en los barrios y en la calle, uniéndose a las movilizaciones estudiantiles y a las marchas de los chalecos amarillos en una perspectiva de convergencia de luchas, contando masivamente con el apoyo de colectivos feministas y de personalidades públicas, entre las cuales el director de la película Los Miserables Ladj Ly,  y las actrices Aïsa Maïga y Adèle Haenel.

Las dos últimas movilizaciones convocadas por el Comité Verdad y Justicia para Adama, el 2 y 13 de junio  marcan un precedente histórico en las manifestaciones antirracistas de Europa. A pesar de que habían sido prohibidas por la prefectura de policía, entre ochenta y cien mil personas respondieron presente al llamado del Comité y se reunieron frente al Tribunal de Justicia de París y en la Place de la République para escuchar los testimonios de las familias de víctimas de violencia policial y de racismo y para gritar a coro, el puño en alto: “sin justicia no tendrán paz”.

Poco después de que el jefe de la policía nacional, Frédéric Veaux, declarara en una entrevista en el diario Le Parisien que «la policía en Francia no es racista», el medio Streetpress reveló la existencia de una larga serie de mensajes racistas y sexistas intercambiados por agentes de policía dentro de dos grupos cerrados de Facebook de más de 8.000 suscriptores.

El filósofo y sociólogo Geoffroy de Lagasnerie, con quien Assa Traoré escribió un libro, «Le combat Adama» (Stock, 2019) señala que el caso Adama Traoré es fundamental para comprender a la sociedad francesa: la teoría social no puede prescindir de una teoría de la policía. Un determinado grupo social tiene miedo de salir a la calle porque existe una lógica que busca llevarlo hacia el sistema penal, hasta el espacio de la cárcel y, dentro de ese proceso, a la muerte.

Si bien el trabajo sobre la violencia policial es inseparable de la cuestión de la criminalización las personas racizadas, también lo es de la violencia misógina.

Angela Davis ha señalado este punto clave en la historia de su activismo durante una discusión con Assa Traoré organizada por el colectivo Ballast y publicada en la revista que lleva el mismo nombre, en enero de 2019: “Entendimos que también se trataba de derrocar un capitalismo que es un capitalismo racial, y que no puede haber revolución hasta que no nos ocupemos del fantasma de la esclavitud y el colonialismo. El género también surgió como un elemento central del cambio social radical. No habrá ningún cambio hasta que reconozcamos que la violencia más extendida en el mundo es la violencia de género. Creo que los objetivos de una revolución son mucho más complejos de lo que eran en nuestras concepciones de entonces. Eso obviamente incluye el aparato estatal represivo – y me honra ser parte de este intercambio con Assa Traoré. La lucha en la que participa denuncia claramente la violencia policial y el racismo estructural como parte integrante de la sociedad francesa, al igual que la violencia policial y su genealogía con la esclavitud en los Estados Unidos de América.”

Si la memoria histórica y la pedagogía son, según decía James Baldwin, el mejor remedio para luchar contra la negrofobia que envenena las mentalidades de los blancos o, por decirlo de otra manera, para acelerar el proceso de descolonización de las sociedades occidentales, la justicia es inaplazable. Ni Assa Traoré le está pidiendo permiso a la blanquitud francesa, esa metáfora del poder y de la legitimidad, ni tampoco lo hacen los miles de personas que encabezan o acompañan la lucha jurídica por el respeto a la dignidad humana de Adama Traoré y de “todos los Adama Traoré” (Assa T.).  

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