La ola de préstamos por llegar podría multiplicar los beneficios del sector bancario, que a su vez tiene la oportunidad de redimirse en esta crisis ya que le toca el papel de mantener el grifo del crédito abierto a las familias y pequeñas empresas que peor lo están pasando por la congelación de la economía acarreada por el coronavirus.

Manifestación contra los bancos, en Nueva York, en 2014. REUTERS/Shannon Stapleton

Los bancos van a tomar un papel protagonista en la respuesta económica a la emergencia del coronavirus. Con las instituciones financieras públicas inundando de liquidez el mercado y el Gobierno y la Unión Europea lanzando programas milmillonarios de avales para facilitar préstamos que eviten en la medida de lo posible el cierre de pymes, se espera que los bancos expandan su capacidad para dar créditos y sostener la economía real del país.

Una ola de crédito que, si bien supone un gran riesgo de una multiplicación de impagos en créditos actuales, implica también una ola de intereses pueden acabar reportando a los bancos grandes beneficios. Unas ganancias que estarán aseguradas en el caso de los nuevos créditos que pueden conceder desde el inicio de la crisis y que cuentan con respaldo público en caso de impago. De momento, el Estado ha destinado 100.000 millones de euros a esos avales, por los 200.000 millones prometidos para el mismo fin por el Banco Europeo de Inversiones (BEI) para toda la Unión.

Ganen los bancos o no, las entidades públicas quieren que los bancos abran el grifo del crédito a toda costa y así evitar la situación de parálisis en los préstamos de la última crisis. Las actuaciones en este sentido han sido muchas. Por ejemplo, en las últimas semanas, el BCE ha rebajado sus exigencias de tenencia de capital para los bancos, el tamaño del colchón que deben guardar para evitar la bancarrota en caso de emergencia, y que había sido aumentado tras el descalabro de Lehman Brothers en la anterior crisis financiera. Es decir, los bancos tienen vía libre para deshacerse de capital y destinarlo a la generación de negocio.

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Además de los avales públicos y la reducción de capital, el Banco Central Europeo ha ordenado a las entidades para que no repartan dividendos, al menos hasta el 1 de octubre, con lo que estima que la banca podrían redirigir 120.000 millones de euros de capital, que el BCE espera que pueda hacer fluir hasta 1,8 billones de euros en créditos.

La mayoría de los grandes bancos ya han comenzado a cancelar o reducir sus emisiones de dividendos, que algunos tenían previstas para este mes de abril. Pero, por si quedaba algún despistado, los ministros de Finanzas de los 27 países de la UE reforzaban el mensaje este jueves con una declaración en el mismo sentido: no debe haber reparto de beneficios mientras dure la crisis.

«Todos los bancos que todavía no lo han hecho deben abstenerse de repartir dividendos»

La intención de la medida es clara: «Todos los bancos que todavía no lo han hecho deben abstenerse de repartir dividendos en este periodo y usar el capital que se libere y los beneficios de los que dispongan para extender créditos y otras necesidades financieras urgentes», afirmaban los ministros en un comunicado conjunto. 

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Les toca a los bancos ahora transferir toda la liquidez que las entidades públicas están inyectando a la economía. Una prueba de fuego con la que pueden acabar generando beneficios y a la vez redimirse después de haber estado en el punto de mira de las críticas de la opinión pública durante la anterior crisis financiera.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, y el vicepresidente, Luis de Guindos, antes de una rueda de prensa en la sede de la entidad, en Fráncfort. AFP

«Se han eliminado algunos de los colchones principales de liquidez y de capital que tenían que tener los bancos. Se les ha permitido tener menos capital del que tenían. Ahora toca exigirles que el crédito vaya a la economía, los autónomos y las pymes. La impresión que tenemos es que sí que se está produciendo, se está moviendo», afirma Luis Garicano, eurodiputado de Ciudadanos. «La crisis no viene del sistema financiero y por tanto ellos no tienen el papel de los malos de la película, pero ahora tienen que jugar el papel de los buenos».

«En el pasado, estas medidas han contribuido a crear nuevas burbujas en ciertos sectores»

Desde el grupo de la Izquierda Unitaria en el Parlamento Europeo, aplauden las medidas del BCE pero les parecen insuficientes. «Ofrecer liquidez a los bancos y los mercados financieros no es una manera de apoyar a la economía real y en el pasado ha contribuido a crear nuevas burbujas en ciertos sectores», advierten en su propuesta para un plan europeo de respuesta a la emergencia. 

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«Se debería obligar a los bancos a ofrecer créditos en condiciones no oportunistas y abstenerse de pagar dividendos», continúa José Gusmão, eurodiputado de portugués del Bloco de Esquerda. «A cambio, debemos dar una fuerte respuesta económica para proteger empleos y fuentes de ingresos».

Por si fuera poco el apoyo que están recibiendo los bancos, la Unión Europea considera relajar sus limitaciones a las ayudas estatales que pueden recibir las empresas nacionales, abriendo la puerta a que el Estado pueda participar una entidad bancaria, o de cualquier otro tipo, en caso de bancarrota.

Algo similar a lo que ocurrió en el rescate de la banca durante la crisis financiera. Los test de estrés que tienen que iban a pasar las entidades en julio, y que necesitan de bastante atención de los bancos, también han sido suspendidos hasta nueva orden.

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Un momento de incertidumbre

Si bien las entidades bancarias podrían acabar consiguiendo el doble beneficio de lavar la cara y aumentar beneficios gracias a la expansión del negocio de los préstamos, los bancos no las tienen todas consigo. La incertidumbre reinante, y los riesgos que supone la reducción de los colchones de capital para aumentar el crédito, hace que los inversores no confíen en las acciones de los bancos. Sin ir más lejos, los seis bancos que cotizan en el Ibex 35 han perdido el 45% de su valor de media en el primer trimestre del año.

«Los mercados deberían adaptarse a que esto es algo normal en una crisis»

Algo que el presidente del Consejo de Supervisión del BCE, Andrea Enria, atribuía en parte a que sus acciones no han sido totalmente entendidas por los inversores en una entrevista con Financial Times. «En los mercados, si un banco usa su colchón de capital se ve como algo negativo. Creo que los mercados deberían adaptarse a que esto es algo normal en una crisis».

Unas perspectivas negativas de los mercados que de momento no parecen tan oscuras para algunos. Hace un mes, la presidenta del grupo Santander, Ana Botín, cifraba en solo un 5% la caída de los beneficios que esperaba para este año. En otra aparición, de hace solo unos días, anunciaba que el espacio que le ha dado la cancelación del dividendo para este año le permitirá dedicar 90.000 millones de euros al crédito. «Esta no es una crisis financiera como la de 2008, hoy los bancos somos parte de la solución», afirmaba Botín. 

La incertidumbre que acarrea la situación actual impide predecir si la operación acabará siendo rentable para los bancos. Pero lo que sí está claro es que abre una oportunidad para mejorar su imagen y expandir su negocio (algo que viene con sus riesgos asociados).

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