Todavía no son un partido y a lo mejor no lo van a ser nunca. Están meditando ayudar, desde fuera y en la calle, a un Partido Democrático (PD) con falta de atractivo desde hace años. Su mayor logro: haber parado, por primera vez, el ‘leguista’ Matteo Salvini.

Un seguidor del movimiento de «las sardinas», en una manifestación en Bolonia, en la región norte de Emilia-Romagna. REUTERS / Guglielmo Mangiapane

El reformismo transalpino, desde hace algunos años, tiene un problema constante: ya no sabe seducir. Para muchos, a pie de calle, bien es cierto que conserva los principios y los modales de la política tradicional (hoy denominada «vieja política» por los soberanistas de la Liga de Matteo Salvini y por los anti establishment del Movimiento 5 Estrellas (M5E) de Beppe Grillo); pero no consigue tener el mismo atractivo de otros partidos en Italia o de la izquierda de otros países.

En este clima, hay un grupo de manifestantes, sobre todo jóvenes, que no están dispuestos a tolerar los tonos agresivos del soberanismo transalpino, concretamente el de la Liga de Matteo Salvini. Y están siendo cada vez más de peso dentro de la política en Italia.

El Movimiento de las Sardinas es la savia de la izquierda italiana. A pie de calle y en los medios de comunicación, se respira la idea de que las sardinas podrían convertirse muy pronto en los nuevos «grillinos de la izquierda». No está claro todavía si dentro, fuera o al lado del socialista Partido Democrático (PD).

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Desde luego, aprovechan cada ocasión (manifestaciones o entrevistas con los medios italianos e internacionales) para reafirmarse en los principios de la moderación política, vinculada a las ideas de izquierda. Dicho de otro modo, las «sardinas» son lo más parecido a unas «juventudes» informales y oficiosas de un PD que necesita más tirón si quiere, antes o después, derrotar al (casi) invencible Salvini.

Mismo tono, misma moderación, mismo adversario. Lo que se deduce del clima político de estos días, donde el PD ha logrado ganar sobre la Liga del soberanista Matteo Salvini en las elecciones regionales del domingo en Emilia-Romaña, el último baluarte del socialismo transalpino (desde 1946 ganan los partidos de izquierda); es que hay cada vez más coqueteos entre el Partido Democrático (PD) de Nicola Zingaretti y las sardinas. Este domingo, el secretario general del PD ha reconocido y agradecido el peso de esta nueva generación de manifestantes a la hora de frenar a los leguistas en la región «roja» por antonomasia del país con forma de bota.

Por el momento, Zingaretti quiere estar cerca de las sardinas sin querer «fagocitarlas», como se leía ayer en el diario italiano La Repubblica. En otras palabras, el PD camina por los pasillos del poder, las sardinas esperanzan las plazas de Italia. Al PD le interesa que funcionen de forma autónoma mientras la formación socialista redefine in itinere su papel dentro de los palazzi de la política italiana. Según apunta La Repubblica, el jefe del Gobierno, Giuseppe Conte, está dispuesto a entrevistarse con ellas.

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Las sardinas, por su parte, todavía no saben qué forma política pretenden asumir. De hecho, han anunciado estos días que se apartarán momentáneamente de los medios de comunicación y de las plazas para reflexionar sobre el futuro y «volver a la realidad». El único dato cierto es que a mediados de marzo las sardinas protagonizarán un congreso «fundacional» para determinar qué rumbo seguir.

Hasta la fecha, aseguran que no pretenden hacer política, porque de ser así «ya la habrían hecho», como dando a entender que serían más útiles en las plazas y no en los pasillos de la política italiana: «Esperemos que este movimiento no se convierta en un partido», se escucha a menudo en Italia, tanto en los medios como en la calle.

¿Entonces para qué un congreso? Dentro de un mes y medio llegarán las primeras respuestas, que ayudarán a comprender cómo las sardinas podrían ayudar y apoyar al reformismo transalpino. Está claro que la izquierda italiana no puede contar sólo con el liderazgo de Nicola Zingaretti. Muchos parlamentarios del PD, en los medios de comunicación, admiten que «las sardinas consiguen atraer a las plazas mucha más gente de la podría el PD». Por eso éstas pretenden convocar manifestaciones en Apulia, Las Marcas, Toscana, Liguria, Valle de Aosta; lugares en los que este año habrá elecciones regionales.

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Lo cierto es que, en estos días, el Partido Democrático (PD) de Nicola Zingaretti está en su mejor momento, por así decir: ha conseguido frenar a Salvini, destacar frente a un Movimiento 5 Estrellas sin rumbo y es el ojito derecho del premier Giuseppe Conte. Bien es cierto que actualmente el PD tiene sólo el 18% de los parlamentarios en las Cámaras, pero es el segundo de abordo del Gobierno italiano, resultado de una coalición de convenciencia junto al M5E para evitar la llegada al poder de Matteo Salvini, quien convence al 30% de los electores según los últimos sondeos. Unas eventuales elecciones generales anticipadas, hoy por hoy, le harían primer ministro del país y le entregarían las llaves del Palazzo Chigi.

La última vez que la izquierda logró ser «hegemónica» en Italia fue tras las elecciones europeas de 2014. El socialista Partido Democrático (PD) alcanzó en ese momento un 40% de los votos, gracias al empuje fresco y «desguazador» del entonces premier Matteo Renzi. A partir de ahí, cuando éste empezó a creerse su proprio potencial, para la izquierda italiana, empezó a ir todo de mal en peor. La manía de protagonismo del florentino le empujó fuera del poder a finales de 2016, provocando un 18% de los votos en las elecciones generales de 2018 para el PD y tener hoy que sobrevivir con su modesto partido, Italia Viva, apostando por un centrismo que hoy vale sólo un 4% en los sondeos.

El Movimiento de las Sardinas no tiene un programa electoral como tal, pero sí unos puntos básicos: que los representantes políticos trabajen desde sus despachos, que los ministros comuniquen sus mensajes sólo por vías institucionales y no a través de las redes sociales (Salvini es el «rey» de los videoselfies), que haya transparencia en la comunicación política a través de las redes sociales, que los mensajes emitidos por los medios de comunicación sean veraces y que la violencia verbal se equipare a la física. Pocos elementos, pero muy concretos.

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En las próximas semanas se podrá comprobar en qué medida las sardinas ayudarán al Partido Democrático (PD) para librar su campaña antipopulista, antisoberanista, antiracista y antifascista. Las sardinas están esperanzando a una buena parte de italianos que no están dispuestos a tolerar el discurso de odio de la Liga de Matteo Salvini. Hay mucho en juego.