“No puede ser que, mientras en el mundo civilizado se busca darle importancia y cubrimiento a la salud mental, la vicepresidenta dice que hay demasiadas sicólogas en Colombia”

El prejuicio del vicepresidente Martha Lucía Ramírez hacia las sicólogas de este país es parecido al que puede sentir una señora ignorante de ochenta años en un lugar bien apartado de Chocó. Para ellas un sicólogo no cura las enfermedades mentales simple y llanamente porque para ellos eso no existe, la depresión, que provoca miles de suicidios en Colombia, sólo son ganas de joder, embelecos de niñas malcriadas. Incluso pensará aún que no existe esquizofrénicos sino poseídos por el demonio que no necesitan de la ciencia sino de la religión, de un exorcista que les expulse los demonios.

Es que la declaración que acaba de hacer en Medellín es escalofriante: “Tenemos demasiadas psicólogas, sociólogas, carreras que no les sirven para tener mejores ingresos, entonces queremos ver como involucramos a un porcentaje de niñas del departamento (de Antioquia), para entrar a estas carreras y vamos a promoverlas hacia las áreas del conocimiento donde el desarrollo profesional va ser más importante como su ingreso económico”, no voy a referirme a lo machista y clasista que puede sonar el “niñas” en esta señora de nariz respingda sino a lo desprotegidas que pueden sentirse los sicólogos de este país. En vez de estar intensificando, ampliando la cobertura de profesionales de la salud en el territorio, la señora Ramírez les baja el pulgar, también a las sociólogos,  sólo porque son profesiones que no dan plata. Tenaz la tecnocracia de una funcionaria como ella desprovista de cualquier tipo de humanidad. Para ella, como para este gobierno, las humanidades deberían ser extirpadas del pensum. Claro, un ingeniero recién egresado estaría muy ocupado buscando el empleo que lo volvería millonario y no estaría pensando que este es un maldito estado opresor. Al cerrar estas facultades se le quita un peso de encima al orden establecido.