Aún cuando los medios hegemónicos trasnacionales tratan de imponer el imaginario de que Luis Almagro será reelecto en marzo como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), las numerosas críticas que ha despertado su accionar hacen dudar su continuidad al frente del organismo panamericano, que integran los países latinoamericanos y caribeños, además de Estados Unidos y Canadá.

Los 33 estados de la OEA designarán al nuevo Secretario General el 20 de marzo, y hay tres concursantes cuyas nominaciones se presentaron antes del 15 de diciembre de 2019, la fecha establecida por el Consejo Permanente de la Organización. Las reglas permiten la nominación de un candidato hasta el día de las elecciones, aunque esto es poco probable.

Los candidatos son el actual titular Luis Almagro, Hugo de Zela, el actual embajador de Perú en EEUU y, la única mujer, María Fernanda Espinosa, reciente Presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Dos países del Caribe, Antigua y Barbuda y San Vicente y las Granadinas, nominaron a Espinosa, Colombia presentó a Almagro; y Perú propuso a De Zela.

Luis Almagro recibió no pocos cuestionamientos en los últimos meses a raíz de su alineamiento casi sistemático con los intereses de Washington, sobre todo en casos paradigmáticos como la intromisión de Estados Unidos en Venezuela y el golpe de Estado que sacó del poder a Bolivia y constituye por estos días una dictadura que la OEA en ningún momento condenó.

Su vocabulario bélico, su permanente diatriba contra los gobiernos progresistas de la región, su intervención directa al hablar de un falso fraude en las elecciones bolivianas, que dio lugar al golpe de estado contra el gobierno constitucional boliviano y su desinterés e invisibilización de los problemas y reclamos de los países caribeños se manifestaron abiertamente en los últimos consejos permanentes del organismo.

Almagro tiene una visión del continente propia de tiempos de la Guerra Fría. En noviembre de 2019, formó parte del Comité Organizador del 30 aniversario de la caída del Muro de Berlín, que celebró la asociación “Víctimas del Comunismo”, organización que ejerce parte activa en actos, organizados conjuntamente con la USAID, para demonizar la cooperación médica cubana en el continente.

Además, bajo su Secretaría General, se ha exacerbado la actividad de denuncia del legítimo gobierno de Venezuela con actos organizados por las delegaciones de Canadá, Colombia, EEUU y el representante de Juan Guaidó, más la cooperación francesa.

Los representantes de la Comunidad de Estados del Caribe (Caricom) ya se pronunciaron en contra de la reelección de Almagro y su decisión de votar por la excanciller ecuatoriana y expresidenta de la Asamblea General de la ONU, María Fernanda Espinosa.

La controvertida postura de Almagro suscitó preocupación en muchos países y eso parece obvio desde que Perú, uno de los arquitectos del Grupo de Lima, una agrupación no oficial de países de la OEA que sigue los lineamientos de Washington, decidió presentar a de Zela, con vasta experiencia en la OEA, en su contra.

Pero son muchos los países que creen que la OEA requiere una reforma para que se ajuste a los nuevos desafíos hemisféricos, y cumplirlos. Dado que gran parte del apoyo de Almagro proviene del mismo Grupo de Lima del cual de Zela es el coordinador actual, los dos están luchando en un mismo espacio.

Lo cierto es que los países caribeños no se pudieron poner de acuerdo en presentar un candidato de su comunidad, adecuadamente calificado y dispuesto a participar en una competencia que fuera respaldado por todos de manera abierta y total.

Espinosa, por su parte, impresionó a muchos jefes de gobierno y cancilleres durante su gestión en la última Asamblea General de la ONU, por sus cualidades para buscar consensos e inclusión: justamente lo que ahora necesita la OEA. Desde el entorno temeroso de Almagro se quiso imponer el imaginario de que Espinosa fue nominada por la influencia de Cuba y Venezuela.

México y Argentina

Es de tener en cuenta que ya dos potencias de la región, México y Argentina, anunciaron que no aceptarán la reelección del excanciller uruguayo, porque no está cumpliendo los preceptos de la OEA en referencia a afianzar la paz y seguridad, promover la democracia, asegurar la solución pacífica de los conflictos.

Sus intervenciones, señalan los argentinos, han sido rupturistas, tomando partido por determinados sectores políticos de los países miembros y promoviendo una agenda de conflictos que lo aleja del rol natural de mediador que debe tener un organismo multilateral,

La cancillería argentina señaló que está trabajando para construir una candidatura alternativa junto a otros países como México, Perú, Panamá, Antigua y Barbudas, y San Vicente y Granadinas.

Durante el relanzamiento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en México, el canciller argentino Felipe Solá se reunió con Fernanda Espinosa, con quien convino en “la necesidad de fortalecer el multilateralismo latinoamericano hacia una verdadera representación de todos los países de América”, informó la Cancillería argentina. También se reunió con el otro candidato, el embajador peruano en Estados Unidos, Hugo de Zela.

La bronca caribeña

Sir Ronald Sanders, embajador de Antigua y Barbuda en EEUU y ante la OEA, destacó el estado de desorden en la organización, una condición que se ha agudizado en los últimos cuatro años. Añadió que uno de los hechos que ha impulsado la interrupción de su funcionamiento sistémico es el abandono de la creación de consenso sobre las decisiones hacia la imposición por parte de gobiernos poderosos de su voluntad a través de un proceso de coerción o tráfico de influencias.

El otro hecho es la argumentación de Luis Almagro sobre la autoridad para usar la OEA como plataforma para pronunciamientos que solo reflejan sus posiciones estrechas, y no la membresía de la OEA como un cuerpo colectivo.

Sander denunció que si Almagro se hubiera el tiempo y la molestia de apreciar los desafíos que enfrentan los países del Caribe y sus prioridades, podría haberse convertido en un defensor de los países más pequeños que comprenden casi la mitad de los miembros de la OEA.

Recordó que en febrero de 2015, cuando buscaba su elección, Almagro anunció tres iniciativas en el área del desarrollo. Dos de ellas, un fondo de contingencia para desastres naturales con énfasis particular en Centroamérica y el Caribe; un Fondo de Interconectividad para el Caribe “que puede superar las debilidades estructurales, ya sea en términos de logística y tecnología de la información y las comunicaciones, y aumentar el potencial de empleo para los jóvenes”.

La tercera propuesta era una iniciativa interamericana sobre cambio climático “que puede alcanzar consenso sobre la posición del hemisferio antes de París 2015”.

Aparte de un fondo insignificante para proporcionar una suma simbólica después de los desastres, nada de esto sucedió.

“Estamos viviendo en un mundo de incertidumbre en el que el poder se expresa de las formas más diversas y cada vez menos convencionales, en el que debemos avanzar en una agenda positiva para ayudar a la OEA a estar a la altura de las circunstancias y evitar que el Hemisferio vuelva a caer en la Guerra Fría, prácticas que debemos evitar por todos los medios”, señaló Sanders.

Un recuento totalmente oficioso, muestra que Espinosa podría llevar los votos de México, Argentina, Panamá, Nicaragua, Antigua y Barbuda, Barbados, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, Montserrat, Santa Lucía, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Trinidad y Tobago y Bahamas.

Almagro, por su parte, podría asegurar los de EEUU, Ecuador, Colombia, Canadá, Brasil, Paraguay, Bolivia, Chile, Belice, Honduras, representante de Guaidó, Guatemala, El Salvador y quizá Uruguay (que no presentó su candidatura). Y de Zela, el de su país, Perú.

¿Qué sorpresas tendrá preparadas el gobierno de Estados Unidos?, es la pregunta que se hacen los embajadores ante el OEA, en Washington.