La decisión de la Junta Electoral de inhabilitar a Torra y Junqueras no cambia la posición de los republicanos catalanes, aunque estos avisan de que «si no hay mesa de diálogo, no habrá legislatura». Los dirigentes de PSOE y Unidas Podemos exhibieron sintonía en el primer debate de investidura y la derecha mostró una total hostilidad al futuro Ejecutivo.

Los diputados del PSOE y de Unidas Podemos se aplauden mutuamente tras las intervenciones de sus portavoces / EFE

La primera jornada de la sesión de investidura de Pedro Sánchez evidenció una sintonía total entre el PSOE y Unidas Podemos; una hostilidad feroz de la derecha hacia el nuevo Gobierno de coalición y, sobre todo, la constatación de que la decisión de la Junta Electoral Central no ha hecho cambiar la decisión de ERC de abstenerse en una segunda votación, lo que permitirá el próximo 7 de enero que Sánchez sea elegido presidente del Gobierno, a pesar del ‘no’ sobrevenido de Ana Oramas.

Tras 13 horas de debate no hubo sorpresas frente a los posicionamientos previos de cada partido, más bien ocurrió todo lo contrario. PP y Vox quisieron poner de manifiesto que no darán la más mínima tregua al Gobierno y que van a un enfrentamiento abierto y total. Mientras que PSOE y Unidas Podemos exhibieron una afinidad inimaginable hace tan solo seis meses, que se plasmó en un largo aplauso conjunto de un grupo parlamentario al otro.

Sánchez empezó el debate con un discurso de manual. Primero dejando claro que nadie iba a romper España, después desarrollando los valores por los que se conducirá el nuevo Gobierno y, finalmente, explicando su proyecto político. Hizo los guiños necesarios y medidos a ERC para consolidar su acuerdo, y hasta llegó a conseguir el aplauso de los republicanos catalanes.

El líder del PP, Pablo Casado, también fue con una posición política de libro en el ideario político que defienden los populares. Acusó directamente a Sánchez de convertirse en «el líder de la coalición que quiere acabar con la España constitucional» o de «negociar contra los que atentan contra la democracia». El candidato socialista entró en el cuerpo a cuerpo, reprochó a Casado que siga instalado en el bloqueo y no asuma sus cinco derrotas electorales. «Dicen que les duele España, pero lo que realmente les duele es no gobernar España».

Parecido enfrentamiento verbal y subido de tono hubo con Vox. Abascal dijo que Sánchez es «un estafador, un villano de cómic, un Tirano Banderas«, entre otras muchas descalificaciones, para dibujar un panorama apocalíptico si finalmente se conforma el Gobierno de coalición. Y Sánchez también le contestó: «Ustedes mienten más que hablan, y la pregunta es si cuando mienten, mienten también por España».

Tras el receso, subió al estrado el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, y de la crispación se pasó a la distensión. Iglesias hizo una intervención en defensa del Gobierno de coalición y del proyecto que quieren para España, y utilizando ya un tono con tintes muy gubernamentales, apoyó una salida dialogada para el conflicto con Catalunya, pero recalcando que siempre dentro de la ley.

El líder de Podemos cargó en varias ocasiones contra Casado y le afeó el tono bronco del debate. Iglesias recordó que el presidente del PP había citado a Benito Pérez Galdós en su intervención, y le aconsejó: «Lea más a Pérez Galdós y menos a Pérez Reverte«.