Sánchez trató de llevar esta distensión al debate que mantuvo con el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, que, si bien mantendrá su abstención en la investidura, mostró un tono duro con el PSOE. El diputado catalán afeó la estrategia cambiante del líder socialista y su discurso durante la campaña electoral, «lleno de miopía e irresponsabilidad», y le advirtió de que «si no hay mesa de diálogo, si no cumplen, no habrá legislatura» aunque haya investidura.

Rufián instó a la bancada del PSOE a hacer memoria y les recordó que los catalanes ya tumbaron la primera legislatura de Sánchez como presidente al no apoyar los Presupuestos. Aunque no hubo guante de seda, tampoco se aproximó el portavoz de ERC a la ruptura con los socialistas, pese al acuerdo que el viernes adoptó la Junta Electoral para inhabilitar a Quim Torra y a Oriol Junqueras.

«Es la última bala de la derecha, lo han intentado (tumbar el acuerdo), pero frente los ataques a la democracia, responderemos con más democracia», manifestó. Unas horas antes, Rufián había dejado claro que no ligaba la decisión de la JEC a ninguna acción por parte de Sánchez: «Tenemos muy claro quién está detrás de esta decisión y de lo que sucedió ayer. Lo de la JEC también es un ataque al PSOE. Hay una extrema derecha y una derecha que fagocitan las instituciones, porque se creen que este país es suyo, y las utilizan contra fuerzas políticas disidentes».

La investidura de Sánchez perdió fuelle cuando Ana Oramas (C. Canaria) anunció su voto en contra

La investidura de Sánchez solo se tambaleó durante unos pocos minutos, el tiempo en el que Ana Oramas, la portavoz de Coalición Canaria en el Congreso, intervino para anunciar que, contra la decisión de la dirección de su propio partido (que había resuelto el viernes abstenerse), votaría que ‘no’ al candidato socialista.

La decisión de Oramas dejó la ventaja del PSOE en tan solo dos diputados (167 a favor y 165 en contra), lo que derivó en un leve rumor sobre un posible fracaso que podría venir de la mano del diputado de Teruel Existe, Tomás Guitarte, que se volvió todavía más decisivo si cabe. Sin embargo, Guitarte no siguió el camino de los portavoces del PRC y de Coalición Canaria, y apuntaló la investidura anunciando que no se dejaría amedrentar por las «tremendas presiones» que aseguró estar sufriendo por apoyar la investidura.

El debate entre Inés Arrimadas y Sánchez fue un cúmulo de reproches por lo que pudo haber sido y la actitud de cada uno. La futura presidenta de Ciudadanos mantuvo el discurso más duro de Albert Rivera contra el PSOE, petición de ‘tamayazo’ incluida; mientras que Sánchez no paró de recriminar al partido naranja que siga de la mano de la derecha y la ultraderecha.

Finalmente, el PNV ofreció al candidato una colaboración «leal» y criticó firmemente el tono de las derechas empleado en el hemiciclo. «Se ha calificado al candidato de traidor y se le ha acusado de vender a España. Esa actitud no está en consonancia con un verdadero espíritu democrático. No vale todo». El portavoz del Grupo Vasco finalizó deseándole «suerte en la investidura» a Sánchez, y «audacia y templanza en el ejercicio de su cargo».

Sánchez abandonó el hemiciclo 13 horas después de iniciarse la sesión plenaria. En esta ocasión, con la seguridad casi completa de que no está ante una investidura fallida, aunque este domingo no salga, todavía, elegido presidente.

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