Diego Otero Prada

Emotivo, grandioso, impactante lo que sucedió el 4 de diciembre en Colombia. Millones salieron a las calles en el país, en todas las capitales departamentales y en poblaciones intermedias y pequeñas.

Derrotado totalmente el gobierno, los medios de comunicación con sus ineptos comentaristas, diciendo tonterías, ignorantes, dando informaciones falsas como los del exnadaísta Escobar, el señor Mauricio Botero y el renegado Eduardo Pizano León Gómez en el Tiempo, y de muchos otros sirvientes al poder.

Lo de Bogotá fue realmente extraordinario. Yo llevo desde mi época de estudiante en los sesenta del siglo XX asistiendo a muchas manifestaciones en estos últimos 40 años, y las mayorías no pasaban de 30 000 personas. Lo de este miércoles no tiene nombre igual que a lo del 21 de noviembre.

Debo confesar que hoy me sentí muy emocionado al ver ese río de gente de todas partes. La alegría de todo el mundo. Era un carnaval. bandas extraordinarias de chicas, de jóvenes, de indígenas, de artistas, de afros.

Era una multitud policlasista, de todas las razas e ideologías, sin miedo, alegres, con pancartas, leyendas, gritos, pitos, banderas de Colombia. Gritos de todo tipo contra Duque, Uribe, los partidos políticos y el congreso.

Hoy veo el futuro con optimismo en el sentido que podemos derrotar al poder, que podemos aspirar a tener un país diferente, incluyente, justo, próspero.

Las demandas son muy claras a diferencia de lo que dicen todos los enemigos de los que protestamos. Las quejas, demandas, reclamos, sin que muchos lo tengan claro, implican un cambio del modelo neoliberal, tal como es el clamor en Chile, Ecuador, Argentina, Haití, Puerto Rico, Honduras, España, Estados Unidos, Líbano, Irak, Algeria, Egipto. Así como el capitalismo se globalizó, hoy las luchas se globalizaron. Lo que hacemos en Colombia es parte del movimiento mundial contra la globalización neoliberal.

Me encontré con unos amigos de los sesenta y setenta y recordamos las dificultades en que nos debatíamos en esa época para mover a Colombia, éramos unos pocos ilusos que queríamos cambiar el mundo, nos consideraban como loquitos. Muchos perdieron la esperanza y con el derrumbe de la Unión Soviética en los noventa se retiraron de la política a hacer dinero, otros se vendieron al imperio y unos pocos seguimos con firmeza, confiando en que las cosas tenían que cambiar. ¡Y cambiaron!

Hoy Colombia es muy diferente, tantos años de desespero, de exclusión, de injusticias reventaron. El vaso se desbordó. Hay que reconocer que la firma de los acuerdos de paz de Santos cambió todo porque la gente antes tenía temor de manifestarse porque la acusaban de terroristas, de guerrillero, de castro chavistas y había persecuciones y asesinatos.

Santos, independientemente de que en sus políticas económicas haya sido un neoliberal, al luchar y lograr la paz pasará a la historia, por encima del peor presidente, el señor Pastrana, y del hombre del paramilitarismo, el señor Álvaro Uribe.

El cambio ya comenzó a vislumbrase en las elecciones presidencias de mayo de 2018 cuando Gustavo Petro, a pesar de todas las críticas e infundios contra él, logró ocho millos de votos, algo impensable para un candidato supuestamente de izquierda. Eso fue una señal de que Colombia ya estaba cambiando.

La confirmación del cambio fueron las elecciones regionales, ya que las fuerzas alternativas a los partidos del sistema lograron muchos avances. La elección de Claudia López en Bogotá, una mujer lesbiana no tiene precedente en el mundo. En estas elecciones quedó comprobado que Bogotá es la ciudad rebelde de Colombia, la ciudad moderna, avanzada, donde las fuerzas progresistas son mayoritarias, primera vez en Colombia.

El paro del 21 de noviembre fue otro campanazo, que parece la clase dirigente no lo ha digerido, y muchos menos Iván Duque y sus asesores. Ellos creen que pueden tomar el pelo, que, a través de comités para hablar boberías, con el fin de dilatar y dilatar, van a vencer. Ya crearon el holding financiero y van a aprobar la reforma tributaria, es decir, no les importa las movilizaciones ni las opiniones de millones de colombianos. Serán triunfos de corto plazo, porque al final van a perder.

Lo de hoy miércoles, si la clase dirigente del poder lo entiende, debe hacerlos ver que si no producen cambios la lucha va a continuar. Aquí va a haber protestas para largo rato. Los paros se repetirán. Los poderosos están jugando con candela La conciencia de los manifestantes es impresionante. No estoy seguro quien lo dijo, si Marx o Lenín, pero las masas en un día de revuelta aprenden o toman conciencia de cien años de luchas.

Hoy me siento optimista. Entramos en la gran revolución que se está gestando en el mundo contra el neoliberalismo, la corrupción y los partidos que traicionan a sus seguidores, como el liberal en Colombia, que da pena.

Hoy sí podemos decir que el pueblo unido jamás será vencido.

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