La censura se ha convertido en una estrategia recurrente de Bolsonaro para combatir lo que la formación de ultraderecha  considera como «marxismo cultural». Decenas de manifestaciones artísticas han sido canceladas y la investida a la libertad de expresión acecha a todos los sectores de artes y comunicación, desde la literatura infantil, hasta el cine y el periodismo.

LUNA GÁMEZ

Centenas de editoras, escritoras e ilustradores ilusionados con la presentación de sus obras en una feria del libro sonríen ante la llegada del alcalde de la ciudad. Al pasar por delante de uno de los puestos, el alcalde se escandaliza con la viñeta de una muestra homoafectiva: un beso entre dos hombres en un cómic. Inmediatamente, manda a sus fiscales, liderados por un coronel del Ejército, a retirar todos los ejemplares existentes en circulación. Además, solicita a algunos de sus trabajadores que, vestidos de paisanos, se infiltren entre el público para revisar si había otras creaciones literarias con lo que el consideraba como «escenas impropias para niños y adolescentes».

Este relato no es ficción, ni tampoco sucedió en tiempos remotos. Fue este 6 de septiembre en Brasil. Marcelo Crivella, actual alcalde de Río de Janeiro y anteriormente pastor evangélico de la Iglesia Universal del Reino de Dios, aportó su granito de arena para socavar aún más la amenazada libertad de expresión artística brasileña al intentar censurar el cómic de Marvel “Vengadores, la Cruzada de los niños”. En contrapartida, la Bienal del Libro de Rio de Janeiro multiplicó el número de asistentes indignados y se sucedieron varias performances artísticas de repulsa a este acto de censura. La Corte Suprema de Brasil acabó dictando la inconstitucionalidad de la retirada de estos libros y los ejemplares en circulación se agotaron.

Ese mismo fin de semana, otra creación artística dedicada a la juventud fue vedada: la obra de teatro Abrazo, de la compañía brasileña Clowns de Shakespeare. El público ya estaba sentado en sus butacas, los actores estaban haciendo sus últimos calentamientos y cinco minutos antes de que se abriesen las cortinas del escenario, la Caixa Cultural de la ciudad Recife anunció que la temporada estaba cancelada.

Esta era la segunda presentación de este grupo en el centro cultural que pertenece al banco público Caixa Económica Federal. La institución alegó que durante el debate que la compañía abrió con el público tras su primera presentación, se infringieron las normas del contrato y por tanto se anulaba toda la temporada, así como el pago del patrocinio acordado. Abrazo está inspirada en la obra El libro de los Abrazos del uruguayo Eduardo Galeano y aborda historias de opresión, afectos y despedidas, entre otros asuntos.

«Vivimos un momento muy complicado. Muchas personas tienen miedo y la cultura está acorralada»

«Vivimos un momento muy complicado. Muchas personas tienen miedo y la cultura está acorralada«, explica la representante del colectivo artístico ‘És uma maluca’ («Eres una loca», por su traducción al español) que pide guardar su anonimato. «El arte tiene el poder de enfrentar la realidad e intentar cambiarla, de hacer pensar. Ese es el arma más poderosa que tenemos contra el actual gobierno, un gobierno autoritario, peligroso para los derechos humanos», añade este miembro de la primera compañía que vio su obra censurada cuando el actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, asumió el poder enero.

7.000 cucarachas salían de una alcantarilla, una mujer permanecía tumbada en el suelo y de fondo se escuchaban declaraciones hechas por Bolsonaro en defensa de la dictadura o enalteciendo de la tortura. Esta era la idea inicial de la obra La voz del desagüe es la voz de Dios inspirada en un libro de Rodrigo Santos que contaba la historia real de una mujer que había sido torturada durante la dictadura con cucarachas introducidas en su vagina, además de los abusos sexuales que sufrió. Por petición de la Secretaría de Cultura, el colectivo És uma maluca tuvo que eliminar los audios del presidente.

“Substituimos estos audios (de declaraciones de Bolsonaro) por una receta de bizcocho porque, durante la dictadura, los periódicos publicaban una receta en el lugar de los artículos que había sido censurados”, añade esta representante. Los ensayos continuaron y en el mismo día del evento, la Secretaría de Cultura mandó cancelar la obra y cerrar la Casa Francia-Brasil, el centro cultural donde tendría lugar la representación junto con un gran evento de literatura. “A nuestro actual gobierno no le gusta que abordemos este tema porque es un gobierno que apoya claramente la dictadura, inclusive la tortura”, expresa esta portavoz del colectivo.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. – EFE

Libertad de creación artística vedada por instituciones 

Las intimidaciones del actual gobierno brasileño contra las manifestaciones artísticas que no se adecuan a sus intereses se han manifestado a lo largo del año tanto en la forma de cancelación de eventos, como en la anulación de financiaciones públicas para el sector. Están implicados tanto agentes del gobierno como instituciones culturales públicas. Los centros culturales de la Caixa y del Banco de Brasil, que tienen sedes en diversas capitales del país, han sido dos de los principales referentes institucionales en acusaciones de censura.

Una muestra de películas de la cienasta estadounidense Dorothy Arzner, que trataba sobre asuntos feministas y LGBTIQ, fue integralmente anulada. La Caixa alegó asuntos logísticos: no podrían recibir el evento porque aparentemente tendrían que realizar reformas urgentes en el edificio, no obstante, los organizadores alertaron de que podría tratarse de una intimidación porque los temas abordados en sus películas son criticados por el actual gobierno.

«Es un veto más al papel del intelectual y del científico, que están siendo vistos como amenaza a los poderes instituidos», respondió en aquel momento Tatiana Roque

La Caixa también canceló la obra de teatro Me acuerdo todos los días de ti, sobre temática homosexual, alegando de nuevo necesidad de reformas en el teatro. El ciclo de conferencias Aventuras del pensamiento, que se destinaba a un público de entre 10 y 15 años y abordaba asuntos como democracia y ciencia, también fue suprimido pocos días antes de su realización. La institución alegó que la organización había cambiado el nombre de algunas ponencias. «Es un veto más al papel del intelectual y del científico, que están siendo vistos como amenaza a los poderes instituidos», respondió en aquel momento Tatiana Roque, una de las conferenciantes especializada en filosofía de la ciencia, al periódico Folha de São Paulo. Con motivo de su conmemoración de 30 años, el Centro Cultural del Banco de Brasil contaría con la presentación de la obra «Cangrejo overdrive», que aborda la vida en Río de Janeiro y trata asuntos como el poder de las milicias en la ciudad. No obstante, la presentación del que ha sido un texto de teatro premiado, también fue anulada sin previos argumentos.

El sector de la comunicación informativa no está exento de estas amenazas. «Vivimos una situación de censura en relación a algunos asuntos. Escasamente cubrimos temas de manifestaciones, movimientos sociales, derechos humanos, asuntos de género, indígenas, LGBTI, que antes tratábamos bastante. Todo esto para no desagradar al conservadurismo que gobierna», enfatiza Carol Barreto, presienta del sindicato de periodistas de Río de Janeiro, que explica que la represión está cada vez más calada en el inconsciente de los profesionales de la información. Su compañero periodista y miembro de la TV Brasil, red brasileña de televisión pública propiedad de la Empresa Brasil de Comunicación (EBS) -que solicita anonimato por miedo a represalias- añade que «antes incluso de sufrir una censura de arriba para abajo, existe entre los trabajadores públicos un sentimiento de auto cuestionamiento y de miedo a producir contenidos que no agraden al presidente del país, que generen enemistad con el gobierno, justamente porque existen rumores de que la EBS pueda cerrarse», explica él. 

«No vamos a perseguir a nadie, pero Brasil ha cambiado»

«No vamos a perseguir a nadie, pero Brasil ha cambiado. Cierto tipo de obras ya no serán financiadas con dinero público. Esto no es censura, esto es preservar los valores cristianos, es tratar con respeto a nuestra juventud, reconocer la familia», afirmó Bolsonaro el 5 de octubre en relación a las acusaciones de censura. El presidente prometió que el área de la producción cultural en el país sería reformada, a comenzar por la Agencia Nacional de Cine (Ancine) y por la Fundación Nacional de las Artes (Funarte). Y las promesas se están haciendo realidad.

Bolsonaro comenzó su mandato con la abolición del Ministerio de la Cultural, transformado en una Secretaria subyugada al Ministerio de Ciudadanía. Entre las diversas medidas tomadas de recortes en cultura, el Gobierno redujo al 43% los recursos del Fondo Sectorial del Audiovisual (FSA) gestionados por la Ancine para financiar obras de cine y la televisión.

«Bolsonaro defiende que las creaciones de la Ancine deben pasar por un filtro del gobierno, pero su filtro es la censura», afirma Elder Gomes Barbosa, cineasta e investigador

Además, suspendió una convocatoria de financiación de series con temáticas de diversidad de género, sexualidad y racismo que dejó en la estacada a decenas de proyectos que ya estaban en curso. «Me siento directamente agredida y amenazada con este acto. Soy cineasta y lesbiana, y entre mis planes está realizar algunas películas con temática lésbica», declara Marcela Morê, directora de cine que alega que las alternativas para resistir frente a lo que define «tiempos sombríos para los artistas» se resumen a continuar creando, aunque sea por amor al arte, además de intentar ganar apoyo del mercado internacional.

El terreno actual se muestra árido incluso para artistas de renombre. La película Marighella, dirigida por el conocido actor brasileño Wagner Moura que interpretó el personaje de Pablo Escobar en la serie Narcos, entre otros reconocidos papeles, ganó una convocatoria de financiación de la Ancine que nunca será completamente desembolsada puesto que la institución bloqueó el estreno que estaba previsto para este mes de noviembre. La película que aborda la historia de un guerrillero político contra la dictadura militar, Carlos Marighella, y ahora cuenta con un agujero en sus cuentas, está siendo seleccionada en diversos festivales internacionales a la espera de poder llegar algún día a los cines brasileños.

El exsecretario de Cultura de Brasil, Henrique Pires. (Secretaría de Cultura de Brasil)

«Bolsonaro defiende que las creaciones de la Ancine deben pasar por un filtro del gobierno, pero su filtro es la censura», afirma Elder Gomes Barbosa, cineasta e investigador. Este director de cine brasileño considera que las recientes situaciones de veto a obras artísticas son solo el pico del iceberg de un plan de Gobierno represivo, según él considera. «En todas estas situaciones explícitas, está implícita una política pública de producción cultural excluyente y moralista».

Cargo en fundación no es premio de consolación para quien no está afinado con la censura”, respondió Pires confirmando su partida

El propio Secretario Nacional de Cultura de Bolsonaro, Henrique Pires, dimitió de su cargo el 21 de agosto tras mostrarse contrario a las diversas formas de censura y «filtros culturales» del gobierno de Bolsonaro para fomentar una producción cultural más afín a sus visiones. Osmar Terra, ministro de Ciudadanía, que alberga la Secretaría de Cultura, le ofreció a Pires un puesto de compensación en la dirección de una fundación. “Cargo en fundación no es premio de consolación para quien no está afinado con la censura”, respondió Pires confirmando su partida.

El director de cine Barbosa considera que Bolsonaro ya estaba alertando sobre sus intenciones desde que criticó una película que trataba la vida real de una prostituta, Bruna Surfistinha, y anunció abiertamente que ciertas temáticas no serían abordadas con dinero público. «El presidente alega estar combatiendo el cine ideológico. Ideológico para él es todo lo que va contra sus pensamientos, porque lo que él piensa no es ideológico. Él cree que sus ideas son la verdad, y su verdad es que las películas deberían preservar los valores cristianos y evangélicos de la familia», afirma Barbosa.

El director de la Fundación Nacional de las Artes (Funarte) -el dramaturgo Roberto Alvim que ocupa el cargo desde agosto de este año- anunció la intención de transformar el teatro público de Río de Janeiro Glauce Rocha en un centro «dedicado al público cristiano». Alvim se considera parte de un «ejército de grandes artistas espiritualmente comprometidos con nuestro presidente y sus ideas» destinado a crear «obras de arte que redefinan la historia de la cultura nacional» para cambiar lo que él clasifica como «cultura actualmente dominada por el marxismo cultural y la agenda progresista». Recién asumido el cargo, el nuevo director de la mayor institución pública de apoyo las artes dramáticas canceló la presentación de la obra de teatro Res Pública 2023, que trata sobre un futuro imaginario dominado por el fascismo.

Manifestación contra la censura que tuvo lugar el 7 de octubre frente al Teatro público Glauce Rocha. / Luna Gámez

Frente a las prácticas de censura cada vez más explícitas que están teniendo lugar en Brasil, una serie de artistas reconocidos compareció este lunes 4 de noviembre en una audiencia pública sobre libertades de expresión artística, cultural y de comunicación, donde la Corte Suprema pretende recoger relatos para el análisis de la posible inconstitucionalidad de ciertas prácticas represivas del Gobierno.

«La censura no se debate, la censura se combate, porque censura es manifestación de ausencia de libertades y la democracia no la tolera. Por eso la Constitución de Brasil veta cualquier forma de censura«, afirmó en la audiencia la ministra Carmen Lucia. No obstante, el actor Caco Ciocler añadió en su intervención que «la Constitución no basta para impedir la censura, de lo contrario no estaríamos aquí reunidos». El cantante Caetano Veloso admitió que la actual situación es diferente de la que sucedió durante la dictadura militar y que le obligó a exiliarse, pero que de cualquier forma reconoce que «existe un movimiento censor»  y, según él, «se manifiesta a través del boicot a la producción de las artes«.

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