Por: Mario Alejandro Valencia

No se puede construir prosperidad donde los ricos no pagan impuestos, la productividad no aumenta, los campos son para vacas y coca, y las fábricas cierran con la complicidad de los “expertos”

Apoyo a las organizaciones sociales y sindicales que se movilizarán el 21 de noviembre. La protesta en Colombia está justificada: la de los estudiantes por más presupuesto, de los trabajadores por más derechos, de los líderes para que no los asesinen, de los indígenas por la defensa de su cultura, de las mujeres por igualdad.

Dele las vueltas que quiera, los debates que considere, realice los estudios necesarios, escriba los libros que pueda, pero no va a encontrar una razón lógica de por qué un territorio como el colombiano, atestado de riqueza, tiene altos niveles de desempleo, pobreza y exclusión.  La única explicación es porque quienes dirigen lo quieren así. No hay ninguna falla técnica, de ingeniería, de cálculo ni de teoría, para no desarrollar ciencia, infraestructura, producción, empleo, seguridad y riqueza para todos.

El Estado y el mercado cumplen funciones esenciales y complementarias en la sociedad. El Estado crea las condiciones propicias para que las personas puedan emprender negocios, crear empresas, obtener ganancias y ocupar a la fuerza de trabajo. En contrapartida, las empresas le retribuyen pagando impuestos, con los que a su vez se dota al país de competitividad y bienestar social. Las comunidades que mejor funcionan, es decir, aquellas en donde la calidad de vida es más alta, son donde esta relación es más fuerte. Las sociedades fallidas son en las que este acuerdo se rompió.

En los últimos treinta años se han realizado 14 reformas tributarias, con el objetivo de hacer que los propietarios de los grandes capitales no retribuyan suficiente al Estado y este, a su vez, sea solo un intermediario de negociados de ese capital. Se hicieron reformas laborales y pensionales para recortar beneficios a los empleados, se reformó el sistema educativo, de salud y de seguridad social para dejarlo en manos de la inclemente ganancia individual. El pacto Estado-privados se pervirtió para embolsillarse las coimas de una élite y aplazar la estabilidad social. El narcotráfico y la violencia también se han lucrado de esta situación y el país hoy es un caos con rumbo al abismo.

Se hicieron reformas laborales y pensionales
para recortar beneficios a los empleados, se reformó el sistema educativo,
de salud y de seguridad social para dejarlo a la inclemente ganancia individual

Ninguna persona sensata tiene argumentos para afirmar que se puede construir una sociedad próspera en donde los ricos no pagan impuestos, la productividad no aumenta, los campos son para las vacas y la coca, y las fábricas se cierren, con la complicidad de los “expertos” en el manejo económico. Como los hechos son tozudos, en las últimas elecciones hubo un avance cualitativamente significativo en castigar a los líderes responsables de esta situación, encabezados por Uribe, Santos, Vargas Lleras y, por supuesto, Duque.

Cada organización y cada sector de la sociedad debe hacer su mejor esfuerzo de unidad en el proceso de transformación social que avanza en América Latina. El trabajo de personas que escribimos en medios y estamos en la academia, debe ser producir información, datos, argumentos y herramientas de difusión que ayuden a comprobar que es posible construir una sociedad más justa e igualitaria, con el firme compromiso de mejorar la calidad de vida en una sana connivencia entre Estado y mercado.

@mariovalencia01