Por: Diego Otero Prada

El 5 de agosto el sicópata presidente de los Estados Unidos, el señor Donald Trump, un claro exponente del racismo y la supremacía blanca, decidió iniciar un bloqueo económico total a Venezuela, tal como lo está haciendo hace más de 50 años con Cuba, y con Corea del Norte e Irán. Es un bloqueo que perjudica al pueblo venezolano ya de por sí acosado por todos los anteriores bloqueos impuesto por el imperio estadunidense. Y pensar que hay todavía analistas que creen que no existe el imperialismo.

La oposición venezolana fracasó  en sus intentos de derribar al gobierno de Maduro con divisiones en las fuerzas armadas, levantamientos populares y sabotajes de todo tipo. Ha fracasado porque no tiene respaldo popular. Si fuera, como ha ocurrido en Puerto Rico, Algeria, Sudán y Hong Kong, donde el pueblo mayoritariamente se ha levantado contra sus dirigentes, otra habría sido la suerte de Maduro. Pero no, la oposición está muy dividida y desprestigiada. El señor Guiadó es un payaso sin fuerza y no hay ninguna figura en la oposición que pueda atraer a la ciudadanía venezolana para levantarse popularmente. Esto trataron de fabricar los halcones de Estados Unidos, Colombia y la derecha internacional, incluyendo la desprestigiada social democracia neoliberal europea, pero han fracasado rotundamente.

Ahora viene el bloqueo económico y si falla vendrá el bloqueo naval, y si falla no les queda más alternativa que la guerra.

Hay que oponerse a esta nueva aventura del imperio, a esta abierta intervención en los asuntos internos de un  país porque no se somete a los intereses petroleros. En el mundo actual debe rechazarse el ataque a un país latinoamericano. Qué vergüenza la del gobierno colombiano y los demás gobiernos de derecha latinoamericana que se quedan callados, silencio que es complicidad. 

El cinismo de los países capitalistas desarrollados  es enorme. Siguen a Trump en la aventura contra Venezuela y se quedan callados ante todos los dictadores que hay en países de África y Asia  Y autoritarios y violadores de los derechos humanos en Latinoamérica como los del Brasil, Paraguay, Honduras.

Y qué decir del gobierno del inepto Iván Duque, donde casi todos los días matan dirigentes sociales y políticos, se violan los derechos humanos, y la delincuencia y el paramilitarismo renaciente hacen de las suyas. En un país con un gobierno que sabotea los acuerdos de paz.

Lo hemos dicho, el problema no es si está o no de acuerdo con el gobierno de Maduro. No es asunto nuestro ni de nadie intervenir en los asuntos internos de ningún país. Y menos por seguir los intereses del imperio estadunidense.

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